LEYENDAS URBANAS II

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Los juguetes se prenden

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:17 pm

Mi tía cuidaba de su hijo que tenía en aquel entonces 1 año, y se llamaba Diego. Compró algunos juguetes para el bebé: un piano, un muñeco que hablaba, una grabadora, unas maracas con sonido, un peluche que emite canciones y otras cosas más.

Cuando Diego comenzó a jugar con ellos durante más de un mes, ellos comenzaban a sonar solos. Mi tía pensaba que era por la deficiencia del juguete que pasaba esto pero no era así. Mi primo comenzó a jugar con el piano, mi tía lo encendió y comenzó a darle a las teclas. Diego se quedó dormido no muy cerca del piano pero el piano seguía reproduciendo cada tecla, y mi tía que estaba en la cocina pensó que el piano tal vez no servía y estaba algo loquito, lo apagó, llevó a mi primo a la cama y se fue a sus deberes.

De repente un ruido muy fuerte y alto se escucha, mi tía se asustó y se dirigio a la sala donde estaba el piano y todos los juguetes, emitiendo cada uno sonidos. El peluche cantaba, el piano emitía las teclas como loco ( y apagado!!), el muñeco hablaba y caminaba (cosa que no podía hacer, ya que se suponia que solo hablaba) y la grabadora empezaba reproducir todas las cosas grabadas mi tía estaba aterrada, todos sonaban al mismo tiempo, entonces le quitó las pilas y las tiró por la ventana.

Se fue a acostar y en poquitos segundos el sonido comenzó una vez mas, cada uno al mismo tiempo. La mujer ya estaba traumatizada, fue a la cocina y exploró la casa, pero no había nadie ni en la bañera. Entonces fue hacía los juguetes y revisó las pilas, estaban allí de nuevo. Mi tía rompió los juguetes con una piedra y los metió en una bolsa.

En la noche contó todo a mi tío, y el la calmó y logró acostarla.

El otro día mi tía despertó como a las 10:00 pues el niño comenzó a llorar. Fue a buscar el tetero y vió de nuevo los juguetes pero esta vez como nuevos como si ella no los hubiese roto. Entonces los quemó metió las cenizas en una caja y ésta fue tirada por el bajante.

los juguetes no volvieron a molestar más aunque mi primo, aunque se inventa un amigo imaginario. Quedará algo de aquellos juguetes?
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No estoy sola

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:17 pm

Esta es mi historia no me la contó nadie la viví yo misma y la sigo viviendo.

Desde muy pequeña e tenido el don o la desgracia de ver fantasmas, demonios,etc.
Cada noche en esta casa se escuchaban los gemidos de una niña, los gritos desesperados de una mujer el llanto de un bebe, pero lo que causa mas terror es aquella sombra que cada noche se acerca mas a mi con esa sonrisa y mirada endemoniada.

Aquel extraño ser apareció en consecuencia de una sesión de espiritismo. Mis amigas y yo decidimos hacer una sesión de espiritismo en mi colegio en la antigua bodega, allí preparamos todo lo necesario nos tomamos de la manos con mi amiga a quien yo elegí para que fuera quien comandara esta sesión, un trágico error.

Comenzamos la sesión, yo que me encontraba dando la espalda a un dibujo de un extraño ser que está sobre un columpio y comencé a sentir la respiración de alguien a mis espaldas, por el miedo decidí no mirar mi amiga que preguntó: "¿Hay alguien aquí?" y la primera vela se apagó. Aquella respiración comenzó a moverse entre nosotras mi amiga al sentir esta a sus espaldas nos soltó la mano rompiendo el circulo dejando que este extraño ser se liberase de la bodega y pudiera andar con toda libertad por el colegio. Poco a poco el dibujo a mis espaldas se fue borrando y mi amiga presa ya del pánico volvió a soltarnos las manos liberándolo por completo de su encierro.

Decidí que teníamos que terminar con la sesión, desde ese día las cosas comenzaron a cambiar mi amiga Camila (la que se soltó de las manos)
fue visitada por el extraño ser y a los dos días su padre murió por extrañas circunstancias, Lorena quien comandaba el círculo pagó con su propia vida, Daniela fue visitada por el ser y fue marcada con una cicatriz horrible en su brazo izquierdo, María sufrió un accidente y perdió la capacidad de hablar y escuchar.
La última de ese circulo soy yo quien trata de salvar su vida... aquel extraño ser cada día se acerca más a mi contando hacia atrás diciéndome "faltan 3 días
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La morada del mal

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:18 pm

Hola, voy a relatar lo que nos ocurrió a mi y a unos amigos en una casa abandonada de nuestro pueblo.

Las historias sobre ese lugar daban escalofríos al mas valiente hasta que un día decidimos investigar, mi amigo, mi amiga y yo (no quieren que de sus nombres).
La puerta negra del jardín estaba abierta, así que entramos, pero la puerta principal estaba cerrada con llave, así que avanzamos por el descuidado jardín hasta el patio trasero. Vimos una piscina vieja y llena de agua sucia en la que casi nos caemos, porque al principio no se veía, luego, nos centramos en la parte trasera, había tres puertas y una ventana, la ventana y una puerta estaban cerradas y una puerta abierta daba a algún tipo de habitación vacía, la ultima tenía un cristal roto por el que se podía entrar, pero seguimos explorando el exterior, encontramos una escalera, pero cuando fuimos a subir... ¡Había una Ouija en la escalera! nos dio mucho miedo, porque parecía que se había usado hace poco, porque las letras escritas con rotulador seguían perfectamente y había restos de un vaso roto. Retrocedimos y nos pusimos a discutir. De repente me quede rígido al ver como una sombra se movía en la escalera, Detrás de mi amigo.
Nos asustamos, pero decidimos entrar por el agujero, pero cuando mi amigo ya tenía una pierna dentro.....

Se escuchó un gran ruido dentro de la casa y un grito desgarrador que decía:

-Correeeeeeeed!

Salimos de allí a escape y no hemos vuelto hasta la fecha...

parece que los rumores eran ciertos.
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Perspectiva infernal

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:18 pm

Todos los días me torturaba a mi mismo, creía que no podría vivir sin aquella persona que le daba luz a mis días, el solo encontrarme, o sentirme solo me aterrorizaba...

La vida me parecía triste lúgubre. yo siempre he vivido en mi mundo de fantasias mentirosas.

Siempre pienso que no valoramos ni siquiera lo malo que nos pasa, por un tiempo no tuve miedo de nada, ni de el infierno siquiera, un lugar con el que nunca he tenido contacto, un lugar en el que no hay reyes, sino que nosotros somos los únicos verdugos de nuestra propia existencia. si lo piensas el miedo viene de tus propios miedos, la sangre viene de tus propias venas, los tormentos vienen de tus propios secretos y pecados...

Así me siento cuando estoy solo, cuando mi ángel no me acompaña y el demonio que mora en mi me habla al oído, cuando me invita a hacer lo que quiero pero me han enseñado que no debo... por que debemos sufrir por los verdaderos deseos de nuestro corazón
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No confíes en lo espejos

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:18 pm

Una noche estábamos en la habitación de mi hermana viendo historias de miedo, cuando empezamos a burlarnos de las historias que veíamos, mi hermana la menor se quedo viendo el espejo cuando le preguntamos por que lo hacia solo nos señalo con el dedo al espejo y cuando lo vimos estaba allí reflejado el cuerpo de una mujer de negro.

Desde ese día nunca he vuelto a ver un espejo, por que esa mujer ha estado reflejada allí desde ese día.
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La chica de la autopista

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:19 pm

Diversas leyendas urbanas hablan acerca de una chava que se aparece en los semáforos, calles y demás a los motoristas, y muchas son sus variaciones, pero la que mas me ha llenado de terror es esta que les voy a contar:

Caía la tarde en el DF y Raúl, un joven como de unos 17 decidió tomar su motocicleta para dar una vuelta por la ciudad, después de media hora de camino vio un bar y ¿Por qué no? Tomarse una copita y ver si alguna alma solitaria platicaba con el, solo toma una copa de vino tinto y dos de tequila.

Al ver que no encontraba a nadie conocido, y como ya no quería excederse, pensó que lo mejor sería ir a su casa, y cuando estaba a punto de subir a su moto, quien sabe por que, sintió un escalofrío que hizo que volteara a la cabeza, y vio a una hermosa joven. Con un top, y pantalones blancos, se le veía la cintura y el ombligo, Raúl no había visto a una joven tan hermosa como ella.

Raúl sentía que el tiempo se detenía, estaba empezando a llover, pero sentía que las gotas apenas y bajaban del cielo, solo se quedaba viendo a aquella joven, que también lo miraba con ojos de ternura.

Cuando la primera gota de lluvia cayó sobre el rostro de la joven el se acerco y le ofreció abrigo con su chaqueta de motociclista, ella accedió y el le preguntó si la podía llevar a su casa, ella con una voz casi sin sonido, y con un tierno toque de timidez le dijo que si.

Emprendieron el camino, auque el ruido incesante de la ciudad estaba a todo volumen, y mas con la lluvia que azotaba a todos por igual, Raúl solo escuchaba las indicaciones de la joven, la noto con ojos de tristeza y con una voz igual de tímida, pero no le importo, para el se le hacia raro encontrar una chica como ella.
Después de una media hora de viaje en moto, llegaron a una casa un poco antigua pero con un hermoso y extenso jardín, la joven le indicó que ahí vivía, Raúl la ayudó a bajar, y ella le dio las gracias, y de su bolsa sacó una foto de ella, se despidieron como si fueran amigos de toda la vida y Raúl tenia esperanzas en encontrar una nueva amiga.

Al día siguiente, después de la prepa, Raul quiso ver de nuevo a la chava que se encontró ayer, y como conocía como nadie las calles de su ciudad, fue a la misma casa, según con el pretexto de recoger su chaqueta, llego a la casa, tocó la puerta, y le abrió una señora de edad avanzada, Raúl ansioso sacó la fotografía de su pantalón y le pregunto a la señora si la conocía, y ella con voz triste le dijo:-Si es mi hija, y murió hace diez años en un accidente de motocicleta.

Raúl no salía del asombro, y lo que la señora pudo hacer por el fue decirle donde estaba sepultada, fue solo hasta el cementerio y encontró la tumbe, donde sobre la cripta estaba su chaqueta, se la puso, y no pudo evitar que se le corriera una lagrima, cuando iba a subir a la moto sintió un papel dentro de su chaqueta que decía “Gracias por todo”
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Un bulto negro en la calle

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:19 pm

Esto sucedió en el corregimiento de Callejones, Colombia. Callejones es un caserío cuyo verdadero nombre es San Fernando.

Hay un camino principal que comunica a San Fernando con el pueblo de Bolívar, alrededor de este camino hay casitas de barro muy antiguas y entre casa y casa hay fincas de cacao, también hay cultivos de maiz, o algodón. Es costumbre de los hombres de Callejones ir al pueblo a tomar cerveza y jugar al billar, a veces regresan a muy altas horas de la noche, borrachos, casi siempre en grupos.

Una de esas noches, Fabio, un pescador de Callejones, decidió regresar solo a su casa, aprovechando que había comprado una bicicleta, la noche estaba muy oscura porque no había luna y los postes de alumbrado tenían los faros rotos.

Fabio justo a mitad de camino, iba pedaleando lento, cuando de pronto vio algo que le pareció como un borracho tendido en mitad del camino. Fabio se preocupó por el posible estado de aquel hombre, así que se bajó de su bicicleta y le gritó: "¡Despértate!".

Como no pasó nada, Fabio se acercó más y le dio una ligera patada, cuál no sería su sorpresa cuando sintió que no era el cuerpo de un hombre, era como un bulto, de consistencia gelatinosa, que al ser pateado, salió flotando hacia la finca; los pelos de Fabio se erizaron y un escalofrío recorrió su cuerpo.

La borrachera se le fue inmediatamente y como pudo, agarró su bicicleta e intentó pedalear pero la cadena se había safado, así que la arrojó y salió corriendo como alma que lleva el diablo y gritando por todo el camino.

Al llegar a casa, su mamá le abrió las puertas y él cayó desmayado. Nunca más volvió a regresar tarde del pueblo.

Muchas historias acerca de los bultos negros se cuentan en Bolívar, y parece que es cierto, pero no sólo hay bultos negros, también se sabe de brujas y duendes, pero eso será en otra ocasión.
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La visita de la muerte

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:20 pm

"Tengo frio. ¿Dónde estoy? ¡No puedo moverme! Mis piernas y brazos... están... como entumecidos, gélidos. Se ha apoderado de mi ser. Una sensación de abandono. Como si una garra, me estuviera, sujetando. Todo el cuerpo. ! Ayuda... Por favor. Que alguien me ayude ¡!No... No está loco!! No sé lo que pasa. Socorro!!

Hace como dos días, yo me encontraba en el despacho de mi casa, revisado unos papeles. La lluvia con ganas repicaba, en los cristales, de la ventana. ¡Que gozada, ver caer la lluvia! - me dije. Con el verano tan duro que hemos tenido.

De repente me quede, helado. Una mujer, alta, esbelta avanzaba, entre la cortina de agua. Iba sin paraguas. Con la cabeza inclinada y las manos, en los bolsillos. Por un momento, pensé - ¿A donde ira una chica tan linda a estas horas? Con la que esta cayendo...


Se fue acercando, cada ves más. Hasta que estuvo lo suficiente cerca, que le vi bien el rostro.- Pero.. ¡No puede ser: Es ella! ¡Ha vuelto! Maria.. Maria!! - grité como un loco. ¡Tú... Pero si estás.. ¿cómo es posible? Pero sí yo mismo...

La mujer se para, casi toca con su cara, el cristal. Y en su rostro blanco inexpresivo, se dibuja una sonrisa, siniestra. Que dejaron al descubierto, una dentadura podrida. No pude más. Solté un grito horrible que me desgarró la garganta, y me desmaye. Cuando me desperté. Era noche cerrada. Decidí que tenia que asegurarme. No era posible, que Maria estuviese viva. Yo la mate. Con mis propias manos apreté su cuello. Luego la lleve a una finca. Donde pasamos los fines de semana. En el huerto, cave la fosa. Y tuve mucho cuidado de disimular, la tierra removida.

En menos de una hora, ya estaba en la finca. Cuando me acerque al huerto. Un temblor, recorrió todo mi cuerpo. ! Dios mío, no puede ser, la fosa esta vacía. Como si Maria hubiera salido de ella ¡. Me entro un pánico terrible. Ya no sabia que hacer. De repente, una voz que me resulto familiar dijo. - ¡Antonio... ¿Por qué, Antonio..? ¿Por qué lo hiciste..? Dime Antonio...

María... - Dije con tono desesperado. - ¡Tú no quisiste el divorcio. No me dejaste alternativa! Entonces ella se acercó, vestida como siempre. Pero el semblante de la cara. Era una palidez fantasmal. Los pies no le llegaban al suelo. Como si flotara. Me tendió los brazos. Diciéndome: Antonio, ven... abrázame por ultima vez. Como hipnotizado, avancé y me abracé. Como nunca. Hasta ahora lo había hecho. Nos dimos un beso, largo y apasionado. Poco a poco fui entrando en un sopor, que fue dejándome como medio dormido y ya no recuerdo nada más.
Me encuentro en un lugar, lleno de barro. Y oscuro.
- ¿Qué oigo? ¡Voces! ¡Alguien se acerca! ¿Vendrán a socorrerme?

- ¡¡Oiga!! ¡Usted! ¿Qué hace ahí dentro? No ve que está dentro de una fosa, hombre de Dios?

- Pero... ¡Entonces no estoy muerto..! ¡¡Por favor, ayúdeme a salir de aquí!!

Una vez fuera, salí corriendo como un loco, gritando: !!María, te quiero!! ¡Vuelve a casa, María!!"
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El hombre de negro

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:21 pm

"Y como siempre, allí estábamos los de siempre, haciendo lo de siempre. Sentados en la oscuridad, alejados de todo aquel que solo quería imponernos algo. Todos hablábamos, reíamos, bebíamos y todas esas cosas que haces con los amigos.

Cuando mejor lo pasábamos, Carol, mi mejor amiga empezó a llorar mientras gritaba que en el fondo en la oscuridad había alguien que vestía de negro y estaba tan pálido (o al menos eso vio) que parecía un muerto. Todos comenzamos a reírnos y le dijimos que dejara de beber. Ella insistió.

Dos de los chicos que estaban con nosotras se ofrecieron a acompañarla hasta el sitio para que se convenciera de que allí no había nada ni nadie. Al final fuimos todos. Llegamos, miramos por todas partes y, como habíamos pensado, no había nada; mejor dicho, nadie.

A Carolina se le pasó el susto. Volvimos a crear el ambiente que teníamos, cuando vi algo: era ese hombre, el de negro. Me entró tal miedo que comencé a gritar. Los chicos pusieron cara de mosqueo y nos empezaron a decir que la broma había estado muy bien pero que paráramos, que se estaba haciendo pesada. Nosotras no dejábamos de decir que aquello no era una broma, que habíamos visto a aquel hombre o lo que fuese.

Después de un rato decidimos quedarnos allí un poco mas, pero esta vez cambiamos los sitios. Cuando mas a gusto estábamos, uno de los chicos, Juan, le dijo a otro que mirase al fondo. Este se levanto y dijo gritando ¡¡¡¡CORRED!!!!

No tuve tiempo a girarme y mirar, pero se lo que vieron. ¡¡¡SI!!! Se que habiamos bebido, y también se que cuando se bebe se puede llegar a ver cosas que en realidad no están pasando pero en este caso lo vimos cuatro personas. No volvimos a aquel sitio nunca mas."
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Alarma a las ocho

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:22 pm

Esta es la historia de Ángel, un chico de catorce años, que llevaba unos días en el hospital porque vomitaba todo lo que comía y tenía mucha fiebre. En el hospital le hicieron muchísimas pruebas buscando una causa. La madre sospechaba de un envenemiento, pero ningún médico supo decir qué tenía. ¡Sólo tenía catorce años y no había comido nada en días!. Su cuerpo no lo toleraba.

El ocho de abril de aquel año, su tía, nerviosa e impaciente porque los médicos llenaban a su sobrino de pastillas y no le curaban ni conseguían averiguar qué le ocurría, decidió irse del hospital y visitar al que fuera su pediatra durante años.

La madre salió a dar una vuelta por los pasillos del hospital mientras Ángel hablaba con su hermano y la novia de éste.

- Me voy a morir.

- No digas eso, -le dijo la futura cuñada- aún tienes que venir a nuestra boda.

Cuando la madre llegó, no quisieron decirle nada y les dejaron a solas. Angel tomó su reloj, puso la alarma y le dijo a su madre que dejara el reloj sobre la mesilla. La madre se giró, y la alarma sonó.

En ese mismo instante a su tía se le bloqueó el volante en la misma puerta del hospital. Un hombre que apareció de la nada le dijo unas palabras muy misteriosas, y acto seguido ella alzó la mirada y el tipo ya no estaba. El hombre y el bloqueo del volante le hicieron reaccionar y salió rauda del coche para entrar de nuevo en el hospital.

Cuando llegó a la habitación, todos lloraban.

Al sonar la alarma que Angel había puesto a las ocho el día ocho de abril, su alma abandonó su cuerpo, y su madre lo supo desde el mismo instante en que oyó el primer pitido.
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La última fechoría del loco de Ciempozuelos

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:23 pm

En Ciempozuelos hay un famoso manicomio al cual van a parar individuos de todas partes de España con todo tipo de problemas mentales, algunos de ellos son realmente peligrosos. Un sabado por la tarde corria por el pueblo el rumor de que se habia escapado del manicomio un "loco" de los mas trastornado y peligroso.

Esa misma noche, una pareja de enamorados de un pueblo vecino y a punto de casarse, se disponia a volver a casa despues de una noche de juerga. A un par de kilometros de su casa el coche se les queda sin gasolina y se detiene en el arcen de la carretera. Despues de estar un tiempo esperando a que alguien les pudiese socorrer sin fortuna, el novio decide acercarse a por una lata de gasolina ya que la gasolinera estaba cerca, quedandose la novia al cuidado de el coche.

Habian pasado ya 2 horas, el novio aun no habia regresado y estaba ya muy nerviosa cuando de repente comienza a escuchar unos sonidos fuertes, secos y entrecortados en el techo del coche, como si lo estuviesen aporreando. Aterrorizada, decide salir corriendo del coche y cuando esta un tanto alejada gira la cabeza y observa que sobre el coche hay una persona dando golpes sobre el techo con una cabeza humana: LA DE SU NOVIO.

A partir de esa noche la chica cayo en una profunda crisis nerviosa que no superó y fue internada en el manicomio, donde aun permanece. Esa misma noche, un par de horas mas tarde, la Guardia civil de Ciempozuelos detuvo al "loco" que se habia escapado con las manos y la ropa completamente empapada en sangre...
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POSESIÓN DIABOLICA

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:23 pm

Un amigo me contó algo que le sucedió y que prácticamente yo siendo experto en fantasmas y posesiones diabólicas me dejó sin responder. El suceso que le ocurrió sería un poco increíble porque esto no sucede mucho que digamos pero lo que se es que fue horrible y no puedo imaginar el miedo que tuviera si me pasaría eso a mí. El relato es el siguiente:

Mi amigo (Roberto) estaba con amigos suyos de su anterior colegio. Ellos estaban caminando en un día nublado en el que de repente comenzó a llover muy fuerte y se fue la luz en toda la ciudadela, ya cuando llegaron empapados a la casa de Roberto la casa estaba solitaria y oscura y solo estaban ellos y su perro. Raramente es que el perro siendo tan cariñoso y juguetón con Roberto se comportaba totalmente diferente, ladraba, gruñía pero también lloraba, estaba asustado y enojado y ni Roberto lo pudo calmar.

Pasados unos minutos uno de los amigos de Roberto vio al perro a los ojos fijamente (para como prepararse de esquivarse si le atacaba) y cambió también de actitud, el comenzó a golpear e insultar a Roberto sin ningún motivo así que otro amigo de Roberto por defenderlo lo golpeó y así fueron peleando tan salvajemente que otro amigo de Roberto también cambio y todo se puso peor. Sus amigos y hasta su perro atacaban a Roberto y el no entendía pero el también se sentía muy asustado que sudaba y temblaba de miedo. Yo pienso de verdad que Roberto es muy fuerte y podía noquear a todos como para que se calmaran, pero el sentía tanto miedo que huía de ellos muy rápido y preguntaba "qué les pasa??", pero al final el quedo acorralado y no tuvo más remedio que gritar "que pasa!!!!?", de tanto correr y gritar se desmayó al instante.

Finalmente, sus amigos lo despertaron y todos se sintieron extraños porque no recordaban nada. Roberto no quiso comentar lo sucedido debido al trauma que le causo, pero me lo contó ya porque había pasado mucho tiempo y ya no sentía el mismo temor.

Lo cierto es que en su ciudadela pasan cosas muy raras, ha habido suicidios, posesiones y otro tipo de cosas que no tienen explicación.
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La Picadura de la Araña

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:23 pm

Una mujer regresa de un viaje a un país tropical con una molesta picadura de un bicho en el cuello. Con los días la zona empieza a empeorar y decide acudir al médico quien decide realizar una incisión en la zona para liberar el pus…

Andrea y Juan disfrutaban de una maravillosa luna de miel en las paradisiacas playas de Vietnam. Estaban alojados en un complejo turístico de lo más exclusivo: con playas de arena blanca, aguas cristalinas y a pocos metros de la jungla. Era uno de los pocos lujos que se habían podido permitir al celebrar su boda pues en estos tiempos de crisis, más que nunca, había que tratar de ahorrar o los gastos de la boda se podían disparar. Pero los padres de ella habían insistido y asumido más de la mitad del precio del viaje, por lo que Juan y Andrea se aventuraron a cumplir su sueño de viajar a Asia y disfrutar de las que serían las mejores vacaciones de su vida.

Los días transcurrían a toda velocidad, como suele suceder siempre que uno se divierte, y no podían haber imaginado un destino mejor, vivían a cuerpo de rey sin tener que pagar nada. La “pulserita” que habían contratado con el pack de alojamiento les daba derecho a comer, beber y entrar en todos las discotecas totalmente gratis. Era un sueño hecho realidad del que dentro de poco tendrían que despertar para volver a su monótona rutina de trabajo en la ciudad.

Cuando quedaban sólo dos días para tener que regresar, se hicieron amigos de un guía local que les prometió llevarles a una cascada que pocos turistas llegaban a conocer. El viaje no era muy largo pero debían adentrarse en la jungla a pie, una caminata de unos veinte minutos cruzando la frondosa selva. La mañana siguiente salieron junto al guía que con un machete en la mano iba abriendo camino entre lianas, hojas del tamaño de un paraguas y la vegetación más exótica y espectacular que los recién casados habían visto nunca.

Pero no todo era idílico, los mosquitos eran realmente insistentes e incluso con el cuerpo “bañado” en repelente siempre había alguno lo suficientemente voraz como para atreverse a picarles. El guía les ofreció un ungüento local que a todas luces fue mucho más efectivo que el repelente que habían comprado en la farmacia, olía a rayos pero ni un solo insecto les molestó desde que lo usaron.

Al llegar a la cascada Andrea y Juan se quedaron con la boca abierta por la belleza del lugar, una pequeña laguna con el agua más limpia que habían visto era adornada por una caída de agua de unos cuatro metros de altura. El canto de los pájaros, la selva rodeándoles en todas direcciones y un cielo con el azul más intenso que podían imaginar… era lo más parecido al paraíso que habían conocido.

El guía les dijo que regresaría en un par de horas, les aconsejó que no se alejaran del lugar, pues la selva podía ser muy peligrosa y era muy fácil perderse. No quería molestarles en su último día, mucho menos cuando estaban recién casados y, la verdad, es que ellos también preferían estar solos. Situaron sus toallas y bolsas al lado de la laguna y comenzaron a juguetear en el agua, nadaban, se reían y se besaban sabiendo que probablemente sería la última vez que estuvieran en un lugar como ese.

Media hora después, cansados de tanto juego decidieron comer y descansar sobre la toalla y, casi sin darse cuenta, Andrea se quedó medio dormida, pero un fuerte pinchazo en el cuello la despertó de su sueño… De un manotazo apartó un bicho negro que rápidamente se metió entre la vegetación sin que la mujer tuviera tiempo de ver qué era.

Juan le examinó el cuello y vio una pequeña marca que había enrojecido la zona. Extendió nuevamente el ungüento que les había dado su guía sobre el cuerpo de su mujer y pensó que había sido un descuido no volverse a proteger de los insectos después de bañarse. No le dieron más importancia al tema porque la picadura no molestaba demasiado y en pocos minutos llegó el guía a recogerles. Les enseñó un par de lugares más por las inmediaciones y les acompañó al hotel donde por desgracia tuvieron que comenzar a preparar las maletas.

Al día siguiente y con mucha tristeza tuvieron que embarcarse de nuevo a casa, un viaje en avión tan largo y pesado que a mitad del vuelo ya se habían acabado de leer las revistas que habían comprado. Por suerte consiguieron dormir unas cuantas horas y el tiempo pasó un poco más rápido.

En el aeropuerto esperaban las familias de ambos y todos fueron a comer a la casa de los recién casados, donde entre risas y bromas contaban las anécdotas que les habían sucedido y enseñaban fotos y vídeos de su luna de miel.

Andrea sentía un leve picor en el lugar de la picadura, pero no fue hasta una semana después que comenzó a hincharse y se puso de un rojo casi carmesí. El picor se había convertido en dolor y casi no podía ni tocar la zona, sentía fuertes punzadas cuando la trataba de apretar.

Sin dudarlo Juan llevó a su mujer al médico, quien les dijo que parecía que Andrea tenía una fuerte infección en la zona. Avisó a una enfermera para que le trajera su material quirúrgico y les explicó que sería preciso practicar una incisión para dejar que brotara el pus y por supuesto comenzar con curas en la zona, además debería tomar un antibiótico al menos durante siete días.

Andrea era muy miedosa y la idea de que la cortara en el cuello con un bisturí le daba auténtico pavor, pero una frase del médico la paralizó de inmediato: “si no te estás quieta, corres el riesgo de que te corte en la yugular”. Inmóvil por el miedo, sintió como el doctor comenzaba a abrir la zona. Pero algo imprevisto sucedió… el doctor pegó un salto hacia atrás al realizar el corte y en sus ojos se pudo ver auténtico terror.

Andrea sentía como la sangre se deslizaba por su cuello, pero había algo más, podía notar algo que parecía subirle hacia la boca ¿Cómo era posible que la sangre subiera y se extendiera por todo su cuello y hacia su nuca? ¿Por qué el médico se mantenía a distancia?

Segundos después la enfermera entró de nuevo en la sala, había salido a petición del doctor para traer más gasas, al mirar el cuello de Andrea comenzó a gritar desesperada y salió de la habitación pegando un fuerte portazo

En un movimiento reflejo se llevó la mano al cuello y pudo notar como lo que ella pensaba que era sangre le comenzaba a trepar sobre sus dedos. Al mirar su mano se bloqueó del miedo antes de desmayarse del susto ¡Decenas de pequeñas arañas manchadas de sangre y pus se movían desesperadas entre sus dedos y muchas más trataban de escapar por el agujero recién abierto en su cuello!
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La Muñeca Enterrada

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:24 pm

Pedro era casi como un hermano para Juan ya que ambos se conocían desde hace algunos años y eran inseparables. Los dos iban al mismo instituto, estaban en la misma clase y, casi siempre que organizaban trabajos en grupo se juntaban.

Un día la maestra de Ciencias Naturales mandó una tarea bastante rara aunque ciertamente entretenida: los alumnos debían traer muestras de distintos tipos de tierra según el nivel de profundidad, guardando en bolsitas un puñado de tierra cada cinco centímetros que horadaran en ella. Como de costumbre, Juan y Pedro se juntaron para trabajar, aunque en realidad aquello de “trabajar” era un pretexto, una excusa perfecta para que ambos consigan el permiso de sus padres para ir al bosque de las afueras de la ciudad.

Una vez allí decidieron que no deberían adentrarse demasiado ya que correrían el peligro de perderse, no sería la primera vez que algún excursionista poco experimentado se desorientaba en él (en algunos casos con funestos resultados). Marcaron con una tiza todos los árboles por los que pasaban para no confundir el camino de vuelta y empezaron a adentrarse un poco más de lo pactado en las profundidades de la imponente masa de árboles. Llegado a un punto un extraño claro les llamó la atención.

– Este sitio es perfecto para escavar, aquí seguro que no nos molestan las raíces de los árboles y además esas piedras parecen “cómodas” y podemos sentarnos a comer un bocadillo- dijo Juan.

– El bocadillo me lo comeré yo mientras escavas, porque desde luego yo no me pienso ensuciar la camiseta nueva” – bromeó Pedro poniendo voz de niña consentida.

– Hagamos una cosa, nos comemos el bocadillo ahora y con el estómago lleno nos lo jugamos a cara o cruz” – dijo Juan que tenía hambre desde hacía casi una hora.

Tras quince o veinte minutos de risas y bromas, acabaron su almuerzo y Juan sacó una moneda.

– El que pierda empieza, estamos cinco minutos cada uno y continúa el otro. Que por la “bruja de ciencias” no me pienso partir la espalda. Tampoco vamos a enterrar a nadie, así que 50 centímetros de profundidad como mucho.

– Vale, prepárate a perder – dijo Pedro mientras sacaba de su mochila las herramientas de jardinería que le había pedido prestadas a su padre.

Juan perdió el lanzamiento y un poco desganado empezó a buscar por todas partes para elegir donde comenzar a cavar. Vio de pronto un montón de hongos rojos con puntos blancos, todos creciendo juntos en el mismo lugar. Aquello suscitó en él un entusiasmo infantil que le hizo correr a cavar en el lugar como si las setas le indicasen con su presencia la posibilidad de encontrar algo extraño bajo tierra.

– Le voy a guardar unas pocas setas a la bruja, con un poco de suerte serán venenosas jajaja – dijo mientras metía en una de las pequeñas bolsas una muestra de tierra de la superficie.

Al tocar la tierra con sus manos sintió un escalofrío por todo el cuerpo, de pronto comenzó a tener miedo y se levantó de golpe.

– ¡Tengo frío, aquí hace más frío que en todo el bosque! – le gritó a Pedro.

– ¡Jajaja!, ay sí, ay sí, estás encima de un lugar maldito o hay un fantasma justo donde estás cavando – le dijo Pedro ridiculizando a su amigo.

Juan por hacerse el valiente siguió cavando y juntando la tierra en bolsitas diferentes cada cinco centímetros de profundidad. Entretanto, Pedro exploraba el paisaje y jugaba al fútbol con una piedra.

– ¡Mira! – gritó Juan cuando llevaba unos minutos cavando. Pedro fue corriendo a ver lo que Juan le mostraba con tanta exaltación, una muñeca pelirroja de unos treinta centímetros. Al mirarla sintió que un escalofrío le recorría la médula y que el asco se anudaba en su cuello como una larga escolopendra llena de punzantes y grotescas patas.

– ¡Aaaaaggh suelta eso! – exclamó Pedro con una mezcla de terror y asco mientras se apartaba de aquella repulsiva muñeca tuerta que Juan sostenía en su mano.

Juan que parecía confundido miró de nuevo a la muñeca y la soltó horrorizado al ver lo mismo que Pedro: gusanos, enormes gusanos blancos. Se contorsionaban dentro de la cabeza de goma de la muñeca, se agitaban como poseídos y comenzaron a sacar sus pequeñas cabezas por la cavidad en que alguna vez estuvo el ojo faltante de esa muñeca pelirroja cubierta por una ropa que misteriosamente conservaba su blancura casi intacta…

– Pero si cuando la desenterré estaba bien, era preciosa y parecía sonreírme.

El único ojo que le quedaba a la muñeca era inquietante: grande pero con la parte blanca pintada de negro y con un iris pequeño e intensamente rojo en el cual había una diminuta y demoníaca pupila.

¿Qué clase de enfermo mental habría escondido una muñeca tuerta bajo tierra? ¿Por qué los gusanos se aglomeraban en la cabeza de la muñeca? ¿Sería verdad lo del frío que mencionó Juan?

Ambos chicos, realmente asustados, salieron corriendo del lugar, sintiendo como la mirada del único ojo de esa muñeca se les clavaba en la espalda. Únicamente pararon un par de veces, veces en las que Juan se detuvo a vomitar, cosa normal si pensamos que tuvo en sus manos cientos de gusanos sin darse cuenta. Pero al llegar a casa a Juan parecía que no le abandonaban las nauseas, seguía vomitando y su cara tornó a un tono amarillento pálido.

Los dos amigos pensaron que se recuperaría en una par de horas, pero no fue así, con el paso de los días cada vez estaba más delgado, pálido y débil. Tenía el aspecto de uno de esos enfermos terminales que llevan años luchando contra la muerte en una habitación de hospital y los médicos no acertaban a diagnosticar una causa para su enfermedad. Una semana después de desenterrar la muñeca Juan murió.

Desconsolado por la muerte de su amigo, Pedro empezó a relacionarse cada vez menos con los demás y a pasar los recreos en la biblioteca del colegio, en su casa devoraba libros ávidamente y los fines de semana visitaba librerías. Los libros eran sus nuevos amigos, y su refugio. Buscaba explicaciones médicas y poder entender que le pasó a su amigo, pero los síntomas que sufrió Juan eran tantos que parecía que había contraído varias enfermedades mortales simultáneamente.

Un día, en una extraña librería, Pedro encontró dentro de la sección de Esoterismo un libro sobre ritos y leyendas. Era un libro viejo y usado, un libro de esos que ya casi no se encuentran y que tienen extraños dibujos entre sus páginas cubiertas de polvo. Allí decía lo siguiente junto al dibujo de una muñeca igual (excepto por que no estaba tuerta) a la que encontró su amigo:

‹‹El que tenga un mal incurable, que entierre una muñeca igual a ésta mientras entona esta invocación. Su enfermedad quedará atrapada en la muñeca. Pero el primero que la encontrase recibirá la enfermedad y morirá salvo que realice este mismo ritual››

Todo estaba claro: los gusanos, los hongos, el frío, todos eran indicios de que la muñeca que encontraron en el bosque era una muñeca maldita. Una muñeca en la que por medio de algún pacto o brujería alguien había desatado una maldición que condenaría a enfermar a aquel que la encontrara mientras él curaba su cuerpo y sentenciaba su alma.
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La Gitana

Mensaje por Asombroso el Dom Dic 09, 2012 11:24 pm

Cuentan que un día una mujer caminaba por la calle cuando de pronto una gitana se le acercó corriendo y, en tono muy preocupado y algo agitado, le dijo que era clarividente y que había visto algo terrible en su aura que podría marcarle el destino.

Para esclarecer bien de qué se trataba le tomó la mano y empezó a leer sus líneas, sin embargo sus visiones no parecían del todo claras por lo que le dijo a la mujer que debía volver por la noche para así poder ayudarla mejor con las cartas del tarot y la bola de cristal. La mujer le dijo desdeñosamente que no le hiciera perder el tiempo pero aún así la gitana le señaló su casa y le rogó que no olvidase venir esa misma noche.

Al llegar a su casa después del trabajo la mujer recordó las palabras de la gitana y se inquietó un tanto al pensar que si estaba tan preocupada y ni siquiera la cobró podría ser porque en verdad creyó ver algo. No obstante prefirió no ir al lugar indicado, no sabía cuales eran las intenciones reales y acudir de noche a un callejón apartado era muy peligroso.

A la mañana siguiente cuando fue no encontró a la gitana sino a una ancianita que le dijo que la gitana había salido y le había dejado una carta de suma importancia, una carta que debía ser leída cuanto antes fuera posible. Nuevamente la mujer no dio mucha importancia a la gitana y optó por leer la carta cuando estuviese en la comodidad de su hogar.

Una manzana antes de llegar a su casa la mujer tropezó y cayó en mitad de la carretera justo cuando un camión se venía a toda velocidad. El camión le hizo puré casi toda la mitad superior del cuerpo. Fue algo verdaderamente escalofriante.

Cuando la Policía llegó al lugar del accidente un detalle perturbador fue hallado en uno de los bolsillos del pantalón de la mujer. Allí, dobladita, había una pequeña carta que decía:

“Estimada señora, esta carta es para advertirle que el día de mañana no salga usted de su casa para nada, ya que ese día usted morirá atropellada. Ante su ausencia, decidí tirar las cartas del tarot por mi cuenta ya que realmente estaba preocupada por la mancha que vi en su aura… Espero que cuando lea esto no sea demasiado tarde”
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Re: LEYENDAS URBANAS II

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