La enorme incultura política del periodismo español

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La enorme incultura política del periodismo español

Mensaje por Extranauta el Dom Nov 25, 2012 10:04 am

Los periodistas están abandonando su silencio cobarde y salen a las calles, convirtiéndose ellos mismos en noticia, pero no lo hacen para defender la verdad, reclamar independencia, pedir perdón por sus traiciones o poner fin al vergonzoso sometimiento a la publicidad, al poder político y al imperio de lo políticamente correcto, sino para manifestarse por el declive de la profesión, por los bajos sueldos, porque mas de 6.000 periodistas han perdido su puesto de trabajo en los últimos tiempos y porque todos tienen miedo de sumarse a las largas e inhóspitas filas del desempleo.

Muchos de los que han estado en las manifestaciones y actos de protesta son rostros conocidos, en su mayoría culpables del drama que sacude y aplasta hoy a la profesión, donde no todo es, como dicen, descenso de la publicidad y cuya principal causa es haber dejado de informar con independencia y veracidad al ciudadano, lo que ha generado un periodismo mediocre, poco elaborado, menos libre y con poca investigación, incapaz de cumplir su misión principal en democracia, que es fiscalizar a los grandes poderes, ofreciendo al ciudadano la información veraz y crítica que necesita para conocer el mundo y tomar decisiones correctas.

Muchos de los que ahora tienen la osadía de pedir ayudas públicas para la profesión periodística, como si los periodistas fueran banqueros, han vivido cargado de privilegios y ventajas, arrimados a los poderosos, a los que servían manipulando la realidad y confundiendo a la audiencia. Muchos de ellos hace mucho tiempo que dejaron de ser notarios veraces del acontecer para convertirse en bufones del poder y en servidores de partidos políticos, administraciones públicas y grandes empresas. Su abandono de la verdad libre e independiente ha sido causa importante del deterioro de la democracia, del abuso de poder y del hundimiento del prestigio de la política y de lo público en España.

El argumento principal que esgrimen, que "sin periodismo no puede haber democracia", es falso porque lo que la democracia demanda no es periodismo sometido, sino verdad, valentía y crítica independiente, tres valores escándalosamente ausentes en un periodismo español que ha cometido el grave error de abandonar al ciudadano para servir al poder.

Hace dos décadas, la profesión de periodista todavía era admirada y respetada por la sociedad, pero la cobardía y la incapacidad de defender la verdad y el rigor profesional hicieron posible que los periodistas perdieran el poder en las redacciones, entregarán la independencia a las empresas y se dejaran dominar y guiar por marketinianos obsesionados por el dinero y por editores vinculados al poder por pactos inconfesables que incluían dinero, concesiones, subvenciones y ventajas de todo tipo, siempre a cambio de difundir silencios y mentiras. Hoy, los periodistas, junto a sus amigos los políticos, son profesionales despreciados y rechazados por la ciudadanía, con razón.

La mayoría de las razones que las asociaciones de la prensa y los periodistas esgrimen para explicar la crisis son falsas. Basta ver las portadas de los diarios y las informaciones de cualquier medio para descubrir que la verdadera razón de la crisis del periodismo es que ha desaparecido la crítica, que se redactan panfletos y que la verdad, la investigación y el análisis crítico han sido sustituidos por un servicio al poder vergonzoso y sin valor añadido. Antes del suicidio de la profesión, la esencia del periodismo consistía en sacar a la luz aquello que alguien estaba muy interesado en que nunca se supiera, algo que ya casi nunca se hace porque priman el miedo, la autocensura y el morbo, se hace pornografía de las bajas pasiones y hasta se empuja al populacho para que tome partido por la causa del editor.

Muchos de los que han inundado los medios de basura se encuentran hoy en el paro y se dan ahora golpes de pecho, pero ya es tarde porque la audiencia ha decidido escapar del ya desprestigiado e inútil basurero mediático.

La consecuencia lógica es que los ciudadanos han dejado de leer periódicos y que ya buscan la información veraz y crítica en internet, antes que en la prensa, la radio y la televisión.

Lógicamente, las empresas, conscientes de la pérdida de audiencia y de poder de los medios, dejan de publicitarse o buscan otros espacios mas rentables para sus anuncios.

Internet, donde funciona un periodismo ciudadano y amateur que ha sabido llenar los espacios de investigación, independencia y osadía informativa abandonados por el periodismo tradicional, gana adeptos y cuotas publicitarias cada día en un mundo que está cambiando a marchar forzadas y en el que, por fortuna, los mentirosos, los cobardes y los ineptos no tendrán futuro.
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La enorme incultura política del periodismo español

Mensaje por Extranauta el Sáb Jul 13, 2013 6:29 pm

El golpe de estado contra el islamista Mursi en Egipto ha puesto en evidencia la vergonzosa incultura política y el servilismo al poder del periodismo español.

Decenas de periodistas españoles famosos exhibieron sin pudor su profunda incultura política al condenar en sus tertulias de radio y televisión el golpe de Estado contra el islamista Mursi, en Egipto, como un "retroceso" de la democracia, calificando de democrático a cualquier gobierno que haya sido elegido en las urnas e ignorando que la democracia es mucho más que eso y que desaparece siempre que un gobierno, aunque haya sido elegido por votación popular, frustra a sus electores, incumple sus promesas o suprime reglas básicas y derechos fundamentales del sistema.

Resultaba penoso y vergonzoso escuchar las condenas al golpe militar de Egipto bajo el argumento de que representa un atentado contra la democracia, cuando el islamista Mursi era cualquier cosa menos un demócrata porque su gobierno había incumplido sus promesas, legislado de manera arbitraria y alterado el orden constitucional para acumular poder.

Esos mismos periodistas y comentaristas, dueños de tribunas de opinión que utilizan con parcialidad y que no merecen, son los mismos que se refieren siempre a España calificándola de "democracia", sin asumir la triste verdad de que en España no se respeta ni una sola de las grandes reglas básicas y requerimientos de un sistema democrático: ni separación de poderes, ni igualdad ante la ley, ni unos procesos electorales plenamente libres y sin trabas, ni protagonismo del ciudadano, ni castigo para los corruptos, ni límites al poder de los partidos, ni una sociedad civil fuerte e independiente, ni unos medios de comunicación fiscalizadores del poder, ni el imperio de la verdad frente a la mentira, ni el respeto a las promesas electorales, ni otras muchas reglas y requerimientos de un sistema que, contrariamente a lo que ocurre en España, es incompatible con la mentira, el engaño, el abuso de poder y la corrupción.

España nunca podrá resurgir y regenerarse mientras que esa legión de periodistas incultos y secuestrados por el poder no digan la verdad a los ciudadanos, anteponiendo el derecho a una información libre e independiente a sus miserables servidumbres y oscuras alianzas con los partidos políticos, cuyos intereses defienden antes que los de los ciudadanos, incumpliendo así sus deberes básicos, éticos y profesionales, en democracia.

El golpe de Estado no siempre es condenable. Cuando se lanza contra un gobierno contaminado de mentiras e ignominias, que prefiere aplastar al pueblo antes que perder poder y privilegios o que irrespeta derechos fundamentales y ordenamientos claves de la sociedad democrática, como es la separación e independencia de los poderes básicos del Estado, entonces el golpe no sólo es lícito sino obligado y democrático.

Cuando los gobiernos saquean, roban, mienten a los ciudadanos, incumplen sus promesas y anteponen los propios intereses al bien común, no merecen respeto alguno y tanto los ciudadanos responsables como las fuerzas que deben cuidar la legalidad constitucional y la ética democrática tienen no sólo el derecho sino también el deber de alzarse contra la indecencia y el abuso del poder, por mucho que ese poder haya surgido de las urnas.

Las urnas, en democracia, no otorgan cheques en blanco ni impunidad, sino únicamente el derecho a gobernar bien, bajo el imperio de una ley igual para todos y siempre que siga gozando de la confianza de los electores. Fuente
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La miseria del periodismo lacayo

Mensaje por Savannah el Mar Oct 21, 2014 6:03 pm

El todavía consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Francisco Javier Rodríguez Rodríguez sale en tromba, sin piedad, contra la auxiliar de enfermería Teresa Romero, que se debate entre la vida y la muerte y quien, por cierto, no se puede defender, pues está aislada y se le ha retirado incluso el teléfono móvil. La sitúa como la culpable del desastre general de unos políticos ineptos.

“No estaría tan mal cuando se fue a la peluquería”, llega a decir en un nada disimulado intento de ridiculizarla y de haber echado al traste con su torpeza, con su error humano, todo eso de los protocolos y también la “absoluta convicción del Gobierno de que no había riesgo de contagio”, según expresó la delirante e incompetente Ana Mato, todavía ministra de Sanidad. El tal Rodríguez Rodríguez pasa por alto que no fue Teresa Romero sino Mariano Rajoy, y con él el conjunto del PP, quien decidió repatriar a dos misioneros infectados, importando el ébola. Y que no ha sido Teresa Romero quien desarrolló toda la suicida operación con una extrema improvisación propia de mentecatos irresponsables degenerados por la podredumbre de su corrupción.

Los inspectores europeos han dictaminado que el Hospital Carlos III no está preparado para combatir una pandemia contagiosa como el ébola y, por si fuera poco, ese Hospital va a ser desmantelado, en el desastre de gestión sanitaria del PP. Nos hemos enterado que a la auxiliar de enfermería Teresa Romero –se presentó voluntaria-  se le dio una preparación de ¡media hora! Y como ha expresado su esposo, Javier Limón, se fue de vacaciones porque no había medida alguna de cuarentena para el personal sanitario, al que Rajoy había puesto en riesgo sin medir las consecuencias.

Acierta el hermano de Teresa Romero cuando indica que “aquí todo parece que ha sido una chapuza”. Chapuza monumental que debería tener consecuencias penales (no las tendrá porque la Justicia en España está controlada). El tal Rodríguez está a seis meses de sus elecciones autonómicas y hay que buscar un chivo expiatorio, alguien a quien echarle la culpa.

Lo curioso –no tanto, como se verá- es que de inmediata sale la jauría plebeya, a sueldo, a perpetrar el linchamiento de Teresa Romero, que se debate entre la vida y la muerte y que está indefensa en una habitación aislada. En la pepera televisión de Castilla La Mancha se la ridiculiza hasta la náusea y se sentencia que “hasta los más valientes cometen errores”. Se trata de un error humano y no de un cúmulo de chapuzas políticas, esa es la absurda tesis pepera del día. Desde la COPE, Ángel Expósito arremete: “por mucho protocolo que haya, por mucho traje que haya, si te tocas la cara te la tocas tú,  no te la toca ni la directora de la Organización Mundial de la Salud, ni la que redactó el protocolo, ni la ministra de turno”. Por cierto, que la inepta ministra que no tiene ni idea de Sanidad, cuya trayectoria es la de una mera burócrata del partido desde que, licenciada en Políticas, se ofreció a Jorge Verstrynge, junto con su ex, el corrupto Jesús Sepúlveda…pues la ministra de turno se fue de vacaciones en medio del traslado del primer misionero (eso de ir a correr la suerte de los africanos y luego volverse es humano pero no es coherente).

Hermann Terstch llega a avisar de la posibilidad de que se produzcan asaltos a las sedes del PP. Alfonso Merlos, desde la episcopal 13TV, un escándalo sin paliativos, hace méritos en el linchamiento: resulta que Teresa Romero es la que debe dar explicaciones, no Ana Mato mi Mariano Rajoy. “Es muy importante que dé explicaciones para que el conjunto de los españoles sepamos por qué ha hecho lo que ha hecho”. Casi como si se tratara de una criminal y Alfonso Merlos fuera el portavoz de la nación, del conjunto de los españoles; ¡valiente estupidez! Quien muestra mayor bajeza moral es el bocachancla Losantos –su bajeza moral es mayor que la física- quien llega a decir que “en el pecado lleva la penitencia. Ha puesto en peligro a mucha gente. Espero que todas las auxiliares de enfermería no sean como Teresa”. Vamos, ¡qué se joda, que se muera!, que ha puesto en peligro el negocio.

Como el intento de linchamiento es una inhumanidad, el todavía consejero de Sanidad de Madrid a los pocos días querrá pedir perdón, incidiendo falazmente que no era su intención ofender a Teresa Romero, cuando no hizo otra cosa en su malhadada rueda de prensa. Javier Limón ya ha anunciado que emprenderá acciones legales contra tan abyecto personaje.

Papagayos de argumentario

La coordinación de ese fallido intento de linchamiento no es fruto de la casualidad, no es que coincidan en el análisis, sino que ese día los plebeyos a sueldo recibieron en sus teléfonos móviles las consignas del día y fueron avisados de la rueda de prensa, de su contenido y de que el objetivo era colgarle el muerto a Teresa Romero. Estamos ante meros papagayos, a sueldo, que viven del Presupuesto de manera directa o indirecta. Se llama argumentario. Cada día el PP, desde su oficina de comunicación emite un “argumentario”: lo que tienen que decir los políticos y los periodistas orgánicos. Llevan décadas funcionando así. Hay un argumentario nacional y cada PP regional tiene el suyo propio. En este caso siguieron el argumentario del PP de Madrid.

En la medida en que los políticos se han ido desacreditando como una casta infectada de corrupción, los lacayos han ido ganando protagonismo, pero no son más que la voz de su amo, del que les paga y les mantiene. No merecen ningún crédito, hay que quitarles la careta. Al partido le deben su puesto y sus licencias y su presencia en los programas de debate. La UCD tuvo sus periodistas orgánicos, como Fernando Ónega, pero el esquema se inició en el felipismo, aunque los lacayos socialistas tendían más a los debates ideológicos y por los menos iban de “intelectuales”.

El PP ha llevado el esquema al extremo del ridículo, de manera que hoy en España la libertad de expresión es una ficción (dos empresas controlan el mercado televisivo y tienen televisiones de derechas y de izquierdas) y que el periodismo ha muerto en aras del lacayismo mostrenco. La lista pepera de lacayos es muy larga: Francisco Marhuenda, Alfonso Rojo, Isabel Durán, Alfonso Merlos, Carlos Cuesta, Antonio Jiménez, Jaime González, Carmen Tomás, Curry Valenzuela, Federico Jiménez Losantos (merece tratamiento a parte, por su condición de lacayo bufón). Todos dicen lo mismo, todos repiten el argumentario. No les importa poniéndose en evidencia defendiendo un día la inocencia de Luis Bárcenas y tildándolo al día siguiente de delincuente al que no hay que creer; un día que hay una campaña contra Luis Bárcenas y contra el PP y al siguiente que Bárcenas engañó al PP y se sirvió de él para enriquecerse; un día se le entrevista y al siguiente, se le denigra.

Han abandonado la funesta manía de pensar y repiten como loros. No son periodistas, son lacayos, y merecen abandonar la vida pública entre el desprecio general, pues no son otra cosa que manipuladores a tanto la pieza. Alfonso Rojo ha tenido la decencia o la desfachatez de escribir que sin el apoyo económico del PP no podría sobrevivir.

El escándalo de la Conferencia Episcopal

Es un tremendo escándalo que el lacayismo pepero sea la línea editorial de los medios de la Conferencia Episcopal, porque es una agresión a la libertad de conciencia de los católicos, que tienen todo el derecho a pensar lo que quieran en las cuestiones opinables de política. Lo que hace la Conferencia Episcopal identificando al catolicismo con el PP es venderse al vil metal, a la crucecita, a las licencias de radio, a la publicidad institucional y a que les concedan una licencia de televisión. Lo cierto es que 13TV es puro PP, puro argumentario; es una televisión de Génova y por tal un descrédito para el catolicismo.

Un lacayo que se desmarca

He dejado fuera de la lista negra de lacayos peperos a Antonio Martín Beaumont porque sin abandonar el barco, está, al menos, mostrando criterio propio en los últimos tiempos. Éste antiguo presidente de Nuevas Generaciones en la etapa de la AP de Verstrynge, socio del imputado José Luis Ulibarri, está, sin duda, viendo que el PP se va al traste, que está en caída libre y se ha puesto crítico, como cuando ha afeado a Juan Iranzo su sinvergonzonería en Caja Madrid. Es una evolución interesante que merece cierta atención.

Nerviosos porque se acaba el negocio

Lo que le sucede al todavía consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y a sus palmeros lacayos es que están nerviosos porque ven que se les acaba el negocio, se les termina el chollo y por eso han sido capaces de intentar linchar a esa española valiente que es Teresa Romero, a quien deseo una completa curación y mucha vida.

Enrique de Diego
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