Pagamos hasta por respirar

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Pagamos hasta por respirar

Mensaje por Infornauta el Jue Sep 12, 2013 1:02 pm

Los impuestos están presentes en casi todas las actividades que realizamos: desde comprar el pan, montar una empresa o ahorrar algo de dinero. ¿Compensa trabajar sabiendo que el Estado se lleva casi la mitad de lo que ganamos?

Como Tercer Estado no sólo nos tenemos que conformar, en base al silogismo de Sieyès, con aspirar al papel que realmente nos corresponde en la sociedad. Además nos hemos resignado a ejercer de simples paganinis o, lo que en el Antiguo Régimen se conocía como pecheros, que no eran más que los campesinos obligados a tributar en beneficio de los exentos.

La historia fiscal de España da para una buena antología. Desde el diezmo se han justificado todo tipo de abusos para sostener una maquinaria estatal cada vez más inquietante. Las clases medias, los pecheros del S.XXI, se ven cada vez más empobrecidas en unos tiempos en los que España puede “presumir” de ser el país con uno de los tipos marginales de IRPF más elevados de la zona euro. Con una Constitución que no establece límites a la política fiscal, que deja a interpretación del legislador el carácter confiscatorio de la misma y que somete la propiedad al interés general y a la función social que dicte la ley, uno puede entender que los límites, de facto, los fija el estado de necesidad de todas aquellas familias que no llegan a fin de mes o del autónomo que se ve abocado a pagar religiosamente el IVA aún y cuando no ha podido facturar sus servicios.

En plena refriega con Gibraltar, es irresistible pensar, en base a la tradición judeo-cristiana del bien y del mal, que si existen los paraísos fiscales es porque al otro lado de la verja se levantan auténticos infiernos tributarios de los que ni Dante podría liberarnos. Sumida en una era de incertidumbre, España parece haber adoptado las dos únicas circunstancias que Benjamin Franklin daba por seguras en esta vida: “la muerte y los impuestos”.

¿A dónde va mi dinero?


En total, a los impuestos estatales debemos sumar otros 120 autonómicos. ¿Y cuánto le queda a usted? Para saberlo, hemos hecho un pequeño experimento con la ayuda de www.cuantosimpuestospago.com, una herramienta digital que, aunque está en proceso de mejora, sí nos da una buena aproximación de lo mucho que le esquilman a final de mes.

Para el ejercicio hemos escogido un salario bruto anual de 22.899 €, que se corresponde con la ganancia media anual por trabajador en el año 2011. La cosa quedaría de la siguiente forma: Un 24% del salario, 7.099 €, iría destinado a pagar la cuota empresarial a la Seguridad Social. Un 5%, 1.454€, se destinaría a la cuota del trabajador a la Seguridad Social. Un 11%, 3.557€, para IRPF. Un 8%, 2.246 €, se destinaría a IVA.

En total, dicho trabajador destinaría un 48% de su sueldo bruto (14.356€) al Estado, por lo que, descontados los mencionados impuestos, podría disfrutar del 52% de su salario anual o, en este caso, de 15.641€. Todo ello, claro está, sin contabilizar lo que se le restaría a través de los tributos y tasas que manejan las Comunidades Autónomas.

Pero siguiendo con el experimento, calculamos con dicha herramienta las retenciones tributarias para un salario de 200.000€ brutos anuales.

Los resultados reflejan que, en el mencionado caso, se destinaría el 50% del sueldo a pagar impuestos, lo mismo que un asalariado que gane 40.000€ brutos anuales y un punto menos que otra que gane 50.000€. Lo que deja en entredicho nuestro sistema de progresividad fiscal es que se nutre, especialmente, del esfuerzo de las clases medias.

Según los Presupuestos Generales aprobados para el año 2013, el 56% se destina a gasto social, especialmente pensiones y prestaciones por desempleo; el 31% se gasta en actuaciones generales, como pago de deuda pública o transferencias a otras administraciones. El resto se dedica a servicios públicos básicos y a actuaciones económicas. Sin embargo, el debate ya no debería ser tanto cuánto se gasta sino cómo se gasta.

A pesar de que nuestro país es uno de los miembros de la OCDE que más invierte en educación, se encuentra a la cola en lo que respecta a resultados escolares, según el informe PISA que advierte que el problema reside en el modelo. Como la educación, encontramos el mismo problema en la sanidad o en nuestro sistema de pensiones, condenado a la quiebra si se sigue sosteniendo sobre los pilares de una estafa piramidal.

Sin embargo, todas estas ineficiencias han justificado, hasta el momento, un incremento tributario totalmente confiscatorio que, además, sirve para mantener una administración sobredimensionada cuyo gasto se ha mantenido al margen de la crisis, especialmente el de las Comunidades Autónomas, que el pasado año supuso casi 30.000 millones de euros más que en 2007.

País de pecheros


Legalmente nuestra Carta Magna, aunque especifica que todo régimen tributario nunca debe ser confiscatorio, no establece ningún límite, dejando el mismo a interpretación del legislador. No obstante, un incremento indiscriminado de impuestos, como ha ocurrido recientemente, aunque a corto plazo sí aumenta los ingresos, a medio o largo plazo puede dejar sin efectos las subidas. Es lo que se conoce como la curva de Laffer y que nuestra economía ya está experimentando.

El pasado mes de abril, el propio Ministerio de Hacienda reconocía que los ingresos derivados de los principales tributos habían caído un 6’6% interanual. No quiere decir, sin embargo, que rebajándolos se solucionarían a corto plazo los problemas de ingresos, pero sí permitiría una mejora de nuestra economía, a día de hoy, apalancada por las políticas impositivas. Lo que debería contemplar cualquier político es que, cualquier forma de asegurar la vida del individuo forma parte de la vida misma. Y la propiedad es un ejemplo de ello. Por lo que cuando el Estado interviene de forma indiscriminada contra nuestra hacienda penalizando el trabajo, el ahorro o la inversión, no hace sino más que restar oportunidades a nuestro futuro.

Ante la remota posibilidad de que algo vaya a cambiar, nos resignaremos con celebrar el Día de la liberación fiscal, fechado para el día 10 de mayo, según el think tank Civismo, y que conmemora la fecha en la que los ciudadanos de renta media han ahorrado lo suficiente para pagar todos sus impuestos después de cinco meses trabajando exclusivamente para el Estado.

España, país de pecheros, que como cualquier nación que intenta prosperar a base de impuestos se terminará por convertir, como aseguraba Churchill, “en un hombre con los pies en un cubo tratando de levantarse tirando del asa”. fuente
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