Los terroristas tras matar a 12 personas en París: “¡Alá es grande!”

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Los terroristas tras matar a 12 personas en París: “¡Alá es grande!”

Mensaje por Abraham el Miér Ene 07, 2015 8:09 pm

Al menos 12 personas han fallecido y 11 han resultado heridas, de las que cuatro se debaten entre la vida y muerte, tras el ataque con fusiles automáticos registrado esta mañana contra la sede del semanario satírico Charlie Hebdo, en París, según datos oficiales. Los autores del atentado, uno de los más graves de la historia en Francia, fueron tres hombres vestidos de negro, encapuchados y armados con fusiles kalashnikov que entraron en la sede del semanario al grito de "Alahu al akbar" ("Dios es grande"), según ha confirmado en una declaración a la prensa el fiscal de París, François Molins. El presidente François Hollande ha afirmado que Francia vive “un momento extremadamente difícil”.

El ataque se produjo poco después de las once de la mañana. Los terroristas penetraron a tiro limpio en el hall del semanario. Durante más de diez minutos, los atacantes efectuaron al menos 30 disparos contra los periodistas y empleados de la publicación. En algún caso, según un testigo citado por varios medios, gritaban los nombres de algunos periodistas de la publicación. Decenas de empleados se refugiaron en la terraza del edificio, situado en el bulevar Richard Lenoir, en el distrito 11 de la capital francesa.

Los muertos son el director del semanario, Stéphane Charbonnier, alias Charb, los periodistas Cabu, Tignous, Wolinski, Bernard Maris y tres más de los que no se han facilitado sus nombres; dos policías (Franck D., abatido en la redacción, y Ahmed Merabet, asesinado en la calle); un invitado que se encontraba en ese momento en la redacción, Michel Renaud; y una persona que estaba en la recepción del edificio cuando los atacantes han irrumpido en él fusil en mano.

Charb, nombre con el que era conocido el responsable de la publicación, dirigía el semanario desde 2009 y habitualmente tenía protección policial. Tanto él como otros miembros de la redacción recibían constantes amenazas. La última portada está dedicada al polémico libro Sumisión, de Michel Houellebecq, que describe un futuro de Francia en el que su presidente es un musulmán. "Las predicciones del mago Houellebecq: en 2015, pierdo los dientes; y en 2022, hago el Ramadán". El último tuit publicado por la revista es una caricatura del autoproclamado jefe del Estado Islámico, Abu Bakr al Baghdadi, acompañado del comentario "meilleurs voeux" (los mejores deseos). Entre las víctimas mortales también figura el economista y periodista Bernard Maris, miembro del Consejo de Gobierno del Banco de Francia.

“Es un acto excepcional de barbarie”, declaró Hollande en el lugar de los hechos, a donde acudió acompañado por el ministro del Interior, Bernard Cazaneuve. El jefe del Estado convocó una reunión excepcional del Gobierno, que elevó al máximo nivel –“alerta de atentados”- la alerta antiterrorista. Los medios de comunicación, los grandes comercios y los transportes públicos han visto reforzada su protección.

Charlie Hebdo estaba especialmente protegido porque ya había sido objeto de amenazas y de ataques menores en los últimos años, especialmente a raíz de haber publicado en 2006 caricaturas de Mahoma. En 2011, fue atacado con cócteles molotov y tuvo que cerrar sus oficinas durante varias semanas. En el ataque de esta mañana, dos de las víctimas mortales son dos policías que vigilaban la zona. Uno de sus coches fue alcanzado por un total de 15 balazos. Un agente fue tiroteado y rematado en el suelo por uno de los terroristas antes de huir en un pequeño automóvil negro. El otro agente asesinado estaba encargado de la protección del director. Los terroristas abandonaron el coche en el que huyeron en el distrito 19, próximo al lugar del atentado, y seguidamente robaron otro a un automovilista.

Fuentes del Ministerio del Interior optan por no decantarse aún oficialmente por ninguna pista sobre los autores del atentado, pero consideran que la posibilidad de que se trate de un ataque de origen islamista “es una opción posible”. La cadena de televisión BFM asegura que existe un vídeo en el que uno de los atacantes afirma que están “vengando” a Mahoma. Nada más producirse el atentado, el Ministerio del Interior movilizó a 3.000 agentes y envió una circular a todos los prefectos de Francia para exigirles una mayor protección de todos los lugares públicos, especialmente estaciones de trenes y de metro.

Francia se encuentra en alerta especial antiterrorista desde que el pasado septiembre inició su participación en los bombardeos contra el Estado Islámico en Irak. Al menos 1.200 militares participan en el dispositivo de alerta. A su vez, portavoces del EI han pedido en diversos vídeos que se ataque a los franceses en cualquier lugar del mundo.

ATENTADO CONTRA EL CHARLIE HEBDO »

AL GRITO DE "VENIMOS A VENGAR AL PROFETA"


Última edición por Abraham el Miér Ene 07, 2015 8:24 pm, editado 1 vez
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Llamada a la yihad en Francia

Mensaje por Abraham el Miér Ene 07, 2015 8:14 pm

Tres supuestos combatientes franceses del Estado Islámico (EI) apelan a sus compatriotas musulmanes a unirse a la yihad y amenazan a la población francesa, en un vídeo en el que hablan en francés difundido a través de los foros yihadistas. El Ministerio del Interior, a través de un portavoz contactado por este periódico, ha rehusado hacer ningún comentario sobre este nuevo documento gráfico por el momento. No descartaba que a lo largo del día el ministro Bernard Cazeneuve se pronuncie sobre esta nueva amenaza, que se une a la emitida el 19 de septiembre pasado, en la que los yihadistas convocaron al mundo a una cruzada contra los “sucios franceses”. Cinco días después asesinaban en Argel al montañero Hervé Gourdel.

El vídeo forma parte de la habitual propaganda yihadista. Difundido en miércoles, este jueves ya había sido retirado del canal Youtube. Según relata la Agencia EFE, la película dura siete minutos y la ha realizado la productora del Estado Islámico, Al Hayat. En ella, los yihadistas franceses aparecen en torno a una hoguera quemando sus pasaportes, mientras renuncian a su nacionalidad. Posteriormente, tres de ellos se dirigen directamente al espectador, rodeados por una decena de enmascarados, y lanzan amenazas directas a Francia, al tiempo que invitan a los musulmanes a atentar sobre suelo francés. "¿A qué esperáis? ¿Por qué aún no habéis emigrado? Puede llegar un día en que las fronteras estén cerradas y entonces solo os quedarán las lágrimas y el lamento. El camino hasta aquí es fácil", dice uno de los terroristas, identificado por el seudónimo de Abu Osama al Faranci (el francés).

Un segundo yihadista, con el seudónimo de Abu Maryam al Faranci, dice a sus compatriotas que "el mero hecho de ir a hacer la compra será para vosotros el terror", y se queja por la dificultad para las musulmanas de llevar el niqab (velo que solo deja al descubierto los ojos) en Francia. El tercero, Abu Salman al Faranci, insta a los musulmanes directamente a "no dejar dormir" a sus compatriotas, y a utilizar "las armas y los coches, o incluso veneno" para atacar a los "infieles".

La grabación llega cuando Francia se halla aún conmocionada por la presencia de dos de sus ciudadanos, Maxime Hauchard y Mickael Dos Santos, en el vídeo en que combatientes del EI decapitan al rehén estadounidense Peter Kassig y a 18 soldados sirios.

Las autoridades calculan que hay más de 1.100 franceses vinculados con redes yihadistas, de los cuales alrededor de 380 se encuentran actualmente en Siria e Irak. Francia aporta al Estado Islámico, denominado DAECH en este país para impedir la asociación inconsciente con una religión determinada, un tercio del total de los combatientes extranjeros.

El EI llama a la yihad a los franceses musulmanes en un nuevo vídeo
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Lecciones de París en Madrid

Mensaje por Sandro el Jue Ene 15, 2015 9:49 pm

En el año 2001, El País sentó cátedra periodística con su titular a toda página tras el 11 de septiembre: "El Mundo en vilo a la espera de las represalias de Bush". No importaba la acción ejecutada sino la reacción en ciernes. Esta semana, tras la matanza de París, ha vuelto suceder: lo grave no es el atentado islamista contra Charlie Hebdo o que uno similar se repita en Londres, Madrid o cualquier otra ciudad. El problema no es que cunda el ejemplo terrorista sino la islamofobia. Después de los minutos de silencio y de los homenajes-marca que jamás comprenderé –¿cómo que Je suis Charlie si estás vivo?– afloran a velocidad de vértigo los peros, los matices y el análisis sobre represalias. En España, además, aprovecharemos el debate para tapar algún agujerito, como cuando toca poca lotería y, mirando al Pisuerga, alicatar el 11-M.

Y qué mejor para empezar que un artículo de José Luis Rodríguez Zapatero en el diario El Mundo titulado "Terror, memoria y solidaridad". Escribe –por ser benévolos– el ex presidente:

(…) Tampoco olvidaremos nunca la masacre brutal del 11 de marzo de 2004, que está dolorosamente presente en nuestro recuerdo. Y tenemos que desear que, como ocurrió en nuestro país, sobre los asesinos de ayer en Francia caiga todo el peso de la ley, todo el peso de la justicia, que sean cuanto antes apresados, juzgados y condenados.

Turbio deseo al vecino francés: los asesinos de aquí no fueron apresados, ni juzgados, ni condenados. El desenlace en París se parece poco al de Madrid. Los asesinos de unos periodistas han muerto en una imprenta abatidos por la Policía, que ya había perdido a varios compañeros. Lamentablemente han muerto también rehenes y eso eleva el saldo islamista de esta matanza mientras seguimos preocupados por la islamofobia.

Tenemos que desear que ocurra eso –prosigue Zapatero– y también que no se produzcan reflejos de odio o xenofobia en la sociedad francesa (…) No hacerlo fue, por cierto, la gran lección que dio la sociedad española tras el 11-M.

La sociedad española dio muchos ejemplos buenos y malos aquel 11-M: se desvivió por los heridos sin dudarlo un segundo pero luego siguió una corriente de odio electoral a la que nadie ha querido añadir sufijos. No hubo islamofobia.

El mismo día en que se publica el artículo de Zapatero, El Mundo dice en su editorial que el terrorismo contra el Charlie Hebdo:

Es el mismo que dio lugar al atentado contra las Torres Gemelas en 2001 y al de Bali (Indonesia) en 2002, el que causó la masacre de los trenes en Madrid en 2004.

En lo referente a Madrid, la sentencia editorial contrasta hasta con la del Tribunal Supremo pero, sobre todo, con las tesis defendidas por Casimiro García Abadillo, otrora prologuista del libro Titadine y ferviente defensor de perseguir la duda hasta alcanzar la verdad.

En el diario ABC, Luis Ventoso también mira hacia Madrid como Zapatero en El Mundo y Casimiro en su editorial. En su caso, París también vale para felicitarse de que Pedro J. Ramírez ya no sea director de un periódico que "ha acabado desprendiéndose" de esas dudas sobre el 11-M. No he sido capaz de entender el artículo de Ventoso titulado "Aquellos días" ni qué demonios tenía que ver con la tragedia de París pero deduzco testimonio de una confesión:

En una difícil y honorable elección, ABC hubo de optar entre dar al público lo que quería oír o atenerse a la verdad. Y sus editores y periodistas eligieron la verdad, aún a costa de una momentánea merma de audiencia

¿Difícil elección? O sea, que se planteó si había que decir la verdad aunque luego no se dijera. Cierto es que ABC supo elegir. Cambió de director. Pero quedan nostálgicos.

Volviendo al asunto de la islamofobia, Ayaan Hirsi Ali, nacida en Somalia y crecida en Arabia Saudí, Etiopía y Kenia hizo la siguiente reflexión en Mi vida, mi libertad:

La mayoría de los musulmanes jamás profundizamos en la teología y rara vez leemos el Corán; nos lo enseñan en árabe, una lengua que la mayoría de los musulmanes no habla. Por eso, casi todo el mundo piensa que el islam busca la paz. De estas personas sinceras y amables emana la falacia de que el islam es pacífico y tolerante (…) El verdadero islam regula todos los detalles de la vida y subyuga el libre albedrío. El verdadero islam, un sistema confesional y rígido y un marco moral, lleva a la crueldad.

Otra mujer, Oriana Fallaci, escribió no mucho antes de morir:

Estoy de acuerdo en que el islam moderado no existe. Que lo hemos inventado nosotros los occidentales con nuestro optimismo. Con nuestro liberalismo. Pero sí hay musulmanes moderados. (…) Claro que los hay. Obviamente los hay. Incluso según el matemático cálculo de probabilidades tiene que haberlos (…) Pero son una minoría exigua. Tan exigua que apostar por ellos, esperar que puedan cambiar el mundo al que pertenecen es pura utopía.

A la tristemente desaparecida Oriana Fallaci, muchos la tildaron de fascista; los mismos que opinan que Tariq Ramadan no lo es. A Ayaan Hirsi Ali la obligaron a salir de Holanda, de cuyo parlamento fue diputada, porque ya no la iban a proteger más, porque la señalada en el asesinato de Theo Van Gogh era ella, la guionista de Submission Part I, un reportaje sobre cómo es tratada la mujer en el Islam. No tiene nada de curiosa la coincidencia de que ambas acabaran viviendo en EE.UU. Serán islamófobas, claro. Hay ríos de tinta sobre las supuestas diferencias entre el islamismo y el islam, entre la moderación y el integrismo. Seguro que son reflexiones más académicas que las de Hirsi Ali o Fallaci. He podido leer algunas pero me quedo con los testimonios personales citados.

A otros, como Willy Toledo, también se le agradecen su claridad y sinceridad al confesar por enésima vez su antioccidentalismo, antiamericanismo, antisionismo y resto de fobias que construyan su afición a las dictaduras. Lo que se entiende menos es que nadie le pida cuentas por encontrar causa a trece asesinatos, los recientes, amén de los que justifica diariamente desde su mera militancia castrista. Nadie le llamará "islamófobo". No le llamarán ni a declarar por decir que la matanza de París es "un montaje". Así somos.

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Inconsistencias de la Europa Charlie

Mensaje por Sandro el Jue Ene 15, 2015 9:53 pm

Vaya por delante que yo también soy Charlie. Soy Charlie en el sentido de que me alegro de pertenecer a una civilización en la que la libertad de expresión es muy amplia. En Occidente se puede publicar cualquier cosa –incluso abyectas viñetas-salivazo, como aquella de Charlie Hebdo que representaba a Cristo sodomizando a Dios Padre– sin terminar por ello en la cárcel o el patíbulo. Prefiero vivir en un Occidente con libertad de palabra –aunque eso implique tolerar manifestaciones artísticas que escupen sobre lo sagrado– que en un mundo islámico en el que la gente es ejecutada o encarcelada por delitos de opinión (sí, en países como Pakistán la blasfemia está penada con la muerte: ¿no han oído hablar de Asia Bibi?).

Alguien dirá: "Ni con unos ni con otros". Pero las guerras simplifican el paisaje y obligan a escoger bando, a compartir trinchera con gente que a uno no le agrada. Y lo cierto es que el islam radical ha declarado la guerra a Occidente, así como a los musulmanes moderados de sus propios países. Es una guerra postmoderna, que no se librará con ejércitos convencionales (aunque las ofensivas de Estado Islámico en Siria o Irak sí se hacen con tanques), sino mediante golpes terroristas y una batalla psicológica de intimidación y condicionamiento cultural. Con atentados como el de París (continuador del asesinato de Theo Van Gogh, que preparaba un documental sobre la sumisión de la mujer en el islam, culpando de ello al Corán), los islamistas pretenden imponerle a Occidente sus propias reglas antiblasfemia: al Profeta y al Libro, ni tocarlos. Los Charlie Hebdo desafiaron valerosamente esa imposición y pagaron con la vida. Otros –más intelectualmente enjundiosos y menos gratuitamente ofensivos que Charlie–, como Salman Rushdie, Geert Wilders, Ayaan Hirsi Ali o Magdi Allam, han pagado con décadas de ocultamiento y protección policial permanente.

Aceptar las restricciones islámicas en materia de expresión sería iniciar el camino de la dhimmitud (el estatuto de ciudadanos de segunda que el islam reserva a los cristianos y judíos); el gesto de Charlie, por tanto, es traducible como un valiente "No seremos dhimmis". Ahora bien, para que esa posición sea coherente debería acreditarse una libertad total frente a cualesquiera tabúes: no sólo los del islam, sino también los de la corrección política. ¿Publicó Charlie Hebdo alguna vez salvajes sátiras racistas, homófobas, misóginas, antiizquierdistas? ¿Satirizó a líderes del movimiento gay con la misma saña que al Papa, a Jesucristo o a Mahoma?


El compromiso con la libertad de expresión sólo es creíble si opera con simetría, si verdaderamente no hay nada intocable: ni los dogmas de la Iglesia, ni los del feminismo, el liberacionismo sexual, el ecologismo y demás fes postmodernas. ¿Se aprecia esa coherencia en la Europa actual? No. Algunos de los que esta semana eran Charlie interpusieron demandas contra los obispos Reig Plà y Sebastián por "ofender a los gays" con sus declaraciones sobre la homosexualidad. Predicadores como Ake Green o Dale McAlpine han sido sancionados, no por exhortar a la violencia contra nadie (el único límite incuestionable de la libertad de expresión, junto a la calumnia), sino por infringir la ortodoxia feminista-homosexualista-relativista. Intereconomía sufrió una onerosa multa por contraponer el Día del Orgullo Gay al "día de la gente normal".

Si estamos en guerra, sería importante saber quiénes somos: ¿qué representamos?, ¿por qué valores luchamos?, ¿qué es ser europeo? Es improbable que valores abstractos como "la libertad de expresión" o "los derechos humanos" puedan cimentar una identidad colectiva con suficiente densidad emocional, capaz de generar lealtad y sentimiento de pertenencia. La gente estaba dispuesta a morir en las guerras por cosas como la patria, la religión, el terruño, las mores maiorum (o, ya en el siglo XX, la revolución socialista o la descolonización). La Europa posterior a 1945 sustituyó todas esas referencias fuertes por una ideología blandita, irenista, socialdemócrata en lo económico, relativista en lo moral y decididamente postnacional. Las identidades nacionales fueron declaradas obsoletas y conflictivas (en verdad lo fueron, pues depararon dos guerras mundiales), pero no se ha conseguido forjar una supernación europea capaz de suplirlas. La Europa contemporánea se caracteriza, escribió Chantal Delsol, por una "voluntad de vacío", una tendencia a negar las propias raíces culturales, esperando que ello permitirá superar todos los conflictos. La manifestación más simbólica fue la omisión de cualquier referencia al cristianismo –el rasgo paneuropeo más innegable: de Hammersfest a Tarifa cambian las lenguas, las costumbres, los tonos de piel; lo único que permanece son las cruces en cementerios y campanarios– en el preámbulo de la fallida Constitución europea (donde sí se mencionaban Grecia y la Ilustración).

Y, ante la llegada de millones de inmigrantes musulmanes con fuertes referencias cultural-religiosas, la reacción del establishment eurócrata ha consistido en difuminar más y más los propios rasgos identitarios, las raíces europeas, con la esperanza de evitar el choque de civilizaciones. Si uno licúa suficientemente su identidad, no colisionará con nada. Si no somos nada, no creemos en nada, no tenemos pasado… no ofenderemos a nadie. El vacío no choca.

La reacción oficial al trauma de Charlie Hebdo viene informada por este mismo espíritu autonegador e inane. Todos esos mantras buenistas que intentan conjurar el conflicto negando hipócritamente su existencia: "El Islam es una religión de paz", "los terroristas no eran auténticos musulmanes", "el Islam es parte del ser alemán” (Angela Merkel)… La insistencia en considerar “islamófobo” o “ultraderechista” a cualquiera que constate lo obvio: que el islam es una religión conflictiva, como acreditan su historia y sus textos sagrados, llenos de exhortaciones a la yihad; que la integración de la inmigración islámica ha fracasado en Europa; y que habrá que estudiar soluciones que no confundan a justos con pecadores y que respeten los derechos humanos (restricciones de la inmigración, vigilancia de las mezquitas y las redes sociales, etc.).

Pero más importante que lo anterior es que Europa vuelva a creer en algo. Escribió Marcello Pera: "Integrar no es lo mismo que hospedar. Integrar es asumir que existe algo a lo que atribuimos tanto valor que pedimos al que llega que lo respete, que lo aprecie, que lo comparta". Y Christopher Caldwell: "Que Europa pueda integrar a los inmigrantes dependerá de si es percibida por ellos como una civilización floreciente o decadente". ¿Tiene la Europa actual un algo del que pueda decir: "En esto creemos, y quien quiera vivir aquí tendrá que respetarlo"? ¿Transmite un aura de civilización vigorosa, asertiva, vital? No es fácil que la Europa sin hijos, envejecida, blasfema, licenciosa, autonegadora (sí, la Europa de Charlie Hebdo) pueda generar admiración en los recién llegados. Quien no se respeta a sí mismo no inspira respeto.

Francisco José Contreras
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Femen, 'Mongolia' y el sagrado islam

Mensaje por Sandro el Vie Ene 23, 2015 12:51 pm

No me hacen gracia las famosas portadas de Charlie Hebdo. No me divierte ver al Espíritu Santo enculando al Padre mientras éste encula a Jesucristo. Quizá porque soy católico. Pero no. Mahoma me parece un pedófilo despreciable, pero tampoco me resultan graciosas las portadas que le han dedicado. No es mi tipo de humor. Pero hay algo que sí debo reconocerles: al menos intentaron ser algo ecuánimes a la hora de burlarse de sus congéneres. No es algo que veamos mucho en España.

Cada cual tiene su estilo. La pieza "Alá es la polla" de El Mundo Today no es sólo graciosa, sino que es una reacción que corresponde con el humor bastante blanco que practica. En cambio, cuando El Jueves publicó su portada en la que reconocían no dibujar a Mahoma porque se habían cagado renunció a su estilo de verdad, que se caracteriza precisamente por su brutalidad. Demostraron que, efectivamente, eran unos cobardes que sólo se atrevían a ofender a quienes no les iban a hacer nada. Los aspirantes a ser sus sustitutos, Mongolia, son aún peores: no hay más que leer las patéticas excusas de uno de sus dibujantes para justificar lo injustificable. Que es, sí, en parte, cobardía. Algo comprensible y, qué quieren que les diga, que seguramente compartiera de estar en su lugar. Pero que es mucho más: la convicción de que, en el fondo, el cristianismo y la derecha son mucho peores que el islam, que es una religión buena con unos pocos extremistas, y a la que hay que proteger de los malos de verdad.

Hasta los popes del ateísmo militante Richard Dawkins y Sam Harris se han visto obligados a recordar lo obvio: que no todas las religiones son iguales. Pero nuestros progres patrios, humoristas o no, parecen seguir empeñados en emborronar esas diferencias, en el mejor de los casos, o de convencernos de que en el fondo el cristianismo es mucho peor. Sucede algo similar a cuando los multiculturalistas afirman que todas las culturas son iguales para, a renglón seguido, proceder a criticar de forma casi exclusiva a Occidente. Aquí veremos a muchos horrorizarse hoy por la masacre del Charlie Hebdo y echar la culpa a las religiones, así, en general: tranquilos, que mañana se volverán a su obsesión contra curas y obispos por cualquier motivo, real o imaginado. Porque la Iglesia católica es el Mal.

Bajo ese prisma, no es de extrañar que el dibujante de Mongolia acabe poco menos que intentando darle la vuelta a la realidad, achacando a sus críticos una imaginaria intención criminal cuando les acusan de no tener valor para criticar al islam con el mismo ahínco con que lo hace Charlie Hebdo, o con el mismo ahínco con que critican a la Iglesia católica, por miedo a las represalias. En realidad, Mongolia no blasfema contra Mahoma, ni Femen hace sus estúpidos números en mezquitas, no sólo por miedo sino también por la convicción de que, en su mundo de buenos y malos, los musulmanes están entre los buenos, y por tanto sus crímenes, pese a ser recurrentes y numerosísimos, siempre son una excepción que no nos puede llevar a criticar al islam en general.

Lo cual, estarán de acuerdo conmigo, es mucho peor que no tener cojones.

Daniel Rodríguez Herrera
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