A machetazos por las playas de Marruecos

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A machetazos por las playas de Marruecos

Mensaje por Infornauta el Lun Ago 31, 2015 1:19 pm

Marruecos se estremece ante la reaparición de las bandas 'tcharmil', que siembran el terror en barrios pudientes y zonas turísticas


Su uniformidad les hace bien visibles. Grandes relojes y anillos, aparentemente de oro; peinados al estilo mohicano; zapatillas de deporte Nike Air Max, originales o de imitación, y sobre todo grandes cuchillos o machetes que transportan en todas las posiciones posibles. Son grupos violentos de jóvenes marroquíes, procedentes en su mayoría de barrios marginales, engrosan las filas del movimiento tcharmil, que mantiene en alerta a las fuerzas de seguridad y en estado de miedo generalizado a los ciudadanos.

El fenómeno tcharmil no es nuevo pero ha renacido en las últimas semanas. Los jóvenes pandilleros marroquíes aparecieron a principios del 2014 en Casablanca y otras localidades del norte de Marruecos. Una feroz represión, desatada especialmente en la capital económica del país, parecía haber controlado el movimiento. La presencia de Mohamed VI en Casablanca en el momento en que se producían los primeros incidentes graves hizo que el monarca se implicara personalmente en el problema.

Desde entonces, las fuerzas de seguridad respondían con su futuro ante el soberano marroquí, lo que llevó a una actividad frenética de las autoridades y los gendarmes en busca de cortar de raíz el incipiente fenómeno. El titular de Interior aseguró que como consecuencia de la ofensiva de seguridad ciudadana los asesinatos en el primer semestre del 2014 se habían reducido un 30% con respecto al mismo periodo del 2013. También las agresiones físicas y los robos habían caído un 20% y un 25%, respectivamente.

Un dato igual de relevante es que se aprovechó también para realizar una intensa purga entre los miembros de la Gendarmería y de las Fuerzas Auxiliares, algunos de cuyos componentes mantenían estrechos vínculos con la criminalidad organizada.

Cuando todo se creía controlado, al principio de este verano se reprodujeron los incidentes protagonizados por jóvenes tcharmiles. Hace pocas semanas, varias personas resultaron heridas en una playa de Rabat cuando se enfrentaron a un grupo de una decena de estos jóvenes, que atacaron indiscriminadamente a los bañistas con sus grandes cuchillos y machetes. El incidente se repitió poco después en Alhucemas.

La sociedad marroquí asiste con temor creciente a un renacimiento de este movimiento juvenil de jóvenes inadaptados, un trasunto magrebí de las maras centroamericanas, las bandas latinas o los ya desaparecidos canis del sur de España. Un grupo de representantes de la sociedad civil y de movimientos democráticos marroquíes lanzaba hace unos días un manifiesto público, en el que exigía a las autoridades que tomaran medidas.
"Mientras el malestar social permanece desconocido para las estadísticas del Estado, la población marroquí observa cómo sus temores crecen en plena temporada turística", aseguraban los líderes sociales que firmaban el manifiesto. "No podemos sentirnos amenazados en nuestras playas. No podemos permitirnos sentirnos amenazados cuando vamos por la calle. No podemos sentirnos amenazados en nuestras casas", señalaban.

El nacimiento del movimiento tcharmil (palabra procedente de un dialecto marroquí que hace referencia a un adobo de especias con que se condimenta la carne) pilló por sorpresa a las autoridades y a la propia Policía. Algunos expertos sociales apuntan a la frustración producida por el fracaso de la llamada primavera árabe. Otros aluden a la irritabilidad que surge del cumplimiento de las normas que rigen el Ramadán. Los cambios que produce en la personalidad la prohibición de comer, fumar o beber alcohol.

Ali Raji, un psicólogo residente en Tánger, apunta a otra explicación que tiene más que ver con "la creciente desigualdad que se manifiesta en la sociedad marroquí, en la que unos pocos progresan y hacen alarde de esos progresos, mientras la inmensa mayoría, sobre todo jóvenes, hacen frente a un futuro sin ninguna esperanza". Ese es el motivo, según Raji, por el cual "los principales problemas hayan surgido en las ciudades más emprendedoras del norte, en zonas y barrios de clases acomodadas y en las playas donde acuden los turistas nacionales y extranjeros, gente con dinero. Si no me dejas acceder a lo que tú tienes, yo me lo tomo por la fuerza", añade.

Quizá por eso los seguidores del movimiento tcharmil ni siquiera son conscientes de que sean unos delincuentes. De hecho, alardean de sus asaltos, de los botines que consiguen y de sus chicas, que lucen todas ellas unos indescriptibles modelos sustentados en camisetas y pantalones ceñidos y multitud de baratijas, en las redes sociales como Facebook, donde la página oficial tcharmil acumula miles de seguidores.

La extensión del movimiento lleva a dos graves errores: los medios de comunicación empiezan a atribuir a este movimiento todas las barbaridades que se producen en el país, aunque la mayoría no tengan nada que ver con los jóvenes tcharmiles. Si un individuo degüella a otro cerca de Rabat, un cliente apuñala en Casablanca a un taxista para no pagarle, un joven amputa una mano a un vendedor de legumbres en el mercado, o una joven es violada por tres individuos en el pudiente barrio de Maârif, todos esos hechos se atribuyen directamente a los jóvenes pandilleros mucho antes de que la investigación lo corrobore.

El segundo error es que las redadas indiscriminadas de los agentes de seguridad, cada vez más nerviosos en Marruecos, pueden dar origen a situaciones trágicas. Sucedió con un joven en el distrito de Sidi Bettach, cerca de Casablanca, que se quitó la vida al sentirse "humillado" por el jefe de Policía del distrito, que le identificó como un miembro del movimiento y le afeitó la cabeza en plena calle para su escarnio. Posteriormente se demostró que el chico no tenía ningún vínculo con el grupo.

Ali Raji es contundente al asegurar: "Yo no sé si me preocupan más las actividades de estos delincuentes o las medidas policiales para su represión. Con la excusa de combatir a los tcharmiles se puede estar dando carta blanca a todo tipo de excesos. No sería la primera vez que tal cosa ocurre en Marruecos"

La premonición de Raji no iba nada desencaminada. Pocos días después, un policía motorizado abría fuego sobre un grupo de presuntos tcharmiles que estaban intentando robar un vehículo con su propietario dentro, al que amenazaban con machetes y navajas. Entre los miembros de la banda se encontraban dos chicas, una de las cuales falleció camino del hospital a consecuencia de los disparos efectuados por el gendarme. El suceso ocurrió en un barrio de Casablanca, la ciudad que ha concentrado el mayor número de incidentes con estas bandas de jóvenes inadaptados. Link

Veremos que tiempo tarda el reyezuelo ese de Mohamed VI meterlos en una patera y mandarnos toda su basura para nosotros que nuestros políticos son tan dados a recoger toda la morralla que no quieren en sus países.

Hace años, cuando hubo una gran proliferación de pateras, un amigo policía nacional destinado en Ceuta, me comentó ( y era vox populi) que cuando el dictador marroquí Hassan tenía las pocilgas llenas de calaña de la peor especie (no disidentes políticos) les daba a elegir, o seguir en la cómoda celda mira o patera para España. Por supuesto elegían patera. Y lo curioso es que, patrulleras marroquíes las escoltaban hasta aguas internacionales y que Ala guíe sus pasos.
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