Zapatero: el payaso que destrozó España

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Zapatero: el payaso que destrozó España

Mensaje por Melquiades el Dom Sep 18, 2016 9:52 am

El preocupante desafío catalán fue animado y fortalecido por un inepto peligroso que había alcanzado la presidencia del gobierno en España. A media que transcurre el tiempo son mas profundos y visibles los estragos que Zapatero causó a España, un país al que dejó dividido, arruinado, desmoralizado y con el nacionalismo independentista cargado de arrogancia y esperanza. A su partido, el PSOE, lo dejó herido de muerte porque basta con recordar la labor de ZP para que el voto socialista huya.


No hace mucho, los medios de comunicación anunciaron que José Luis Rodríguez Zapatero dejaba temporalmente el Consejo de Estado para colaborar con una ONG de matriz alemana. Millones de españoles expresaron en las redes y en la prensa su satisfacción por el hecho de que ese pésimo político, verdugo de España y uno de los peores mandatarios de nuestra historia, se fuera de ese alto órgano consultivo, donde solo podía seguir dañando a la nación.

Hizo tantas barbaridades y estupideces cuando gobernaba España que son difíciles de enumerar y muy dolorosas de recordar. Negó la crisis, manipuló la realidad, creó tensiones para ganar votos, sembró el país de desempleados, elevó la mentira a política de Estado, hizo recortes impensables para un político de izquierdas, fue injusto, gestionó la crisis como un idiota, alimentó el nacionalismo, dio brío al independentismo, dejó a ETA instalada en las instituciones y, lo peor de todo, dejó a España tan sedienta de un cambio que los españoles votaron masivamente a Rojoy, todo un mequetrefe que jamás debería haber alcanzado la jefatura del gobierno de una nación digna y decente.

Zapatero, además de ser el verdugo de España, lo fue también de su partido y causó tanto daño al prestigio y a la imagen de la izquierda que la dejó tocada y renqueante, preparando el terreno para que ese espacio del espectro político pudiera ser ocupado por radicales sin demasiado cerebro y ajenos a la democracia, impulsores de un inquietante populismo nuevo.

El gobierno de Zapatero fue tan nefasto que los ciudadanos le culpan de muchos errores que no son suyos en exclusiva y de dramas que él no inició, como la corrupción, el desempleo, la crisis, los desahucios, los recortes y el uso de la mentira desde el corazón del Estado.

Lo único bueno de su gobierno fue que los ciudadanos se cansaron tanto y se indignaron con tanta furia que terminaron rebelándose contra él, contra su partido y contra toda la casta política, que comenzó a aparecer en las encuestas como el gran problema del país, junto con el paro, por encima, incluso, de la corrupción.

Si hubiera sido inteligente, habría pedido perdón por sus errores y daños y se habría retirado de la vida pública hasta que las heridas que abrió se cerraran, pero es tan atolondrado e inepto que participa en foros, opina, aconseja y hasta propone recetas, una actitud que sólo consigue enfurecer a los que le culpan del actual desastre español.

El PSOE, asustado porque la presencia de Zapatero en el poder le restaba cientos de miles de votos cada mes, le pidió que se fuera, un gesto insólito en un partido tan disciplinado y vertical como el socialista.

El rechazo a Zapatero, contrariamente a lo que él mismo esperaba, no se ha suavizado apenas con el transcurso del tiempo y sigue vivo en la epidermis política de los españoles. Por eso, que nadie se extrañe de que haya sido su propio partido, inquieto porque, a pesar del descrédito y de los errores del PP de Rajoy, no termina de despegar en las encuestas, haya sido el que le ha exigido que se marche del Consejo de Estado y hasta de España. VB.
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"Hubo un imbécil que se gastó una millonada con lo de la 'Alianza de Civilizaciones"

Mensaje por Josuhe el Sáb Oct 01, 2016 2:03 pm

Antonio Burgos, en el diario ABC, se suma este 15 de noviembre de 2015 a la teoría de que estamos ante una guerra de dimensiones mundiales y que más vale que nos vayamos haciendo a la idea:

No, no es la letra de la sevillana de Manuel Melado. Es la actualidad de esta hora, que muchos se niegan a ver. Mírala cara a cara, que es la Tercera: la III Guerra Mundial. No es guerra convencional, ni guerra fría entre dos grandes potencias. La tenemos tan cerca que nos falta perspectiva sobre la guerra santa que han declarado a nuestra civilización. Suele ocurrir en la Historia. Mi padre estuvo en la Batalla del Ebro, con la 40 División de González Badía, pero no se enteró de que aquello era El Ebro. Sabía que los rojos habían roto el frente y que la ensalada de tiros era de no te menees. Pero no sabía qué era aquello. Como siempre ocurre en todas las batallas: se bautizan cuando ya se han ganado o se han perdido. Como en todas las guerras. La inmediatez de los hechos nos impide la perspectiva.

Seguro que cuando mataron al Archiduque en Sarajevo no sabían que había empezado la Gran Guerra. Ni que cuando Hitler invadió Polonia había comenzado la II Guerra Mundial. Como tampoco supimos que había empezado la Tercera aquella tarde de septiembre de 2001 en que nos llamaron para decirnos que pusiéramos la tele, que parecía que una avioneta se había estrellado contra las Torres Gemelas. A las que habíamos subido todos los que una vez que fuimos a hacer el cateto a Nueva York. Vimos poco después cómo se desplomaban. Nadie pudo contemplar cómo se derrumbaba el Imperio Romano: nosotros sí vimos, en vivo y en directo, cómo se hundía nuestro mundo. Pero como cuando Sarajevo y cuando Polonia, no sabíamos que lo que estaba comenzando, con el siglo, era nada menos que una nueva guerra. Una medieval guerra santa. ¡Vaya fiesta de moros y cristianos!

Añade que:

París no era el sábado precisamente una fiesta según Hemingway. Era la demostración de que si esto en lo que andamos, todos hasta las mismas trancas, no es la III Guerra Mundial, yo no sé qué será la III Guerra Mundial. Guerra sin frentes ni partes. Una guerra con los ejércitos, mientras, repartiendo chocolatinas, bombones y caramelos, por citar muchas absurdas y costosas misiones internacionales de nuestras gloriosas, heroicas y constitucionales Fuerzas Armadas Españolas. Cuando los franceses aislados por la batalla salían del Estadio de Francia cantando «La Marsellesa» (antier vamos a hacer los españoles igual), y cuando los taxistas de París se brindaban otra vez a participar patrióticamente en la contienda, como antaño, como la primera vez de aquel primer amor con la muerte, alguien tendría que habernos dicho a todos, mientras las lamentables televisiones españolas continuaban con sus paquirrines y otras bazofias de consumo masivo: «Es la guerra, imbéciles».

Y, aunque sin nombrarlo, pero llama "imbécil" al presidente que impulsó la llamada ‘Alianza de Civilizaciones' por creer que así acabaría con acciones como la que tuvo lugar el 13 de noviembre de 2015 en París:

Una guerra por entregas. Como un coleccionable del terror. Por fascículos. La guerra de las Torres Gemelas; la guerra del sangriento Atocha del 11-M; la guerra de las explosiones en el Metro de Londres; la guerra de los ametrallamientos de turistas en Egipto. Hasta aquella guerra que trajo desde Bombay a Esperanza Aguirre con unos ridículos calcetines tobilleros blancos. Una guerra con un enemigo cambiante, que unas veces tiene nombre de diosa egipcia, Isis, y otras de televisión árabe en los canales del satélite en el cuarto del hotel: Al Qaida. Donde si no sabemos quiénes son ellos, menos quiénes son los nuestros, porque se nos pasan de bando y linchan al que dice, como Cañizares, que cuidado con tanto sirio refugiado que llega. Y donde hasta hubo un imbécil que se gastó una millonada garantizando que él solito arreglaba esta guerra con la «Alianza de Civilizaciones». ¡Tócame los que riman! En esta guerra rarita hasta estamos sin líderes. Aquí no tenemos un Churchill que nos pida y anuncie «Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor». Mírala cara a cara, que es la Tercera. La guerra, y yo con estos pelos... Digo, con esta mierda de líderes, que se creen que las guerras las ganan las ONG y no la Infantería poniendo el pie sobre el terreno conquistado al enemigo, porque o matas o te matan...PD.
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LA INFLUENCIA DE UN BOBO SOLEMNE

Mensaje por Melquiades el Dom Oct 16, 2016 11:15 am

Es curiosa la actitud de la casta y de la población en general ante el hecho de convertir al anterior presidente en una persona denostada por casi todos y sin embargo utilizar casi sin fisuras su herencia política. Se presenta una aparente paradoja, que lo es si nos quedamos en los aspectos externos, pero que no lo es cuando se profundiza un poco.


Por supuesto todos, casta y ciudadanos, utilizamos la palabra, mágica, democracia, pero pocos saben exactamente lo que significa y muchos menos viven políticamente de acuerdo a ella. Es un mantra que sirve para todo y por tanto no sirve, realmente, para nada. Y por supuesto, sin considerar que la democracia que conocemos es muy reciente, apenas doscientos años y ha evolucionado en tantas formas que las tensiones son tan grandes que la hacen casi inviable en muchos casos.

Tenemos muchos ejemplos de este desfase. Por ejemplo, tras las elecciones los cuatro partidos más votados están en desacuerdo sobre quién debe gobernar. En cambio tienen solo diferencias de matiz o secundarias sobre cómo se debe gobernar en España: los cuatro están de acuerdo en que debe seguirse la línea marcada por Zapatero, que con toda su simpleza y miseria moral, tan tocadas de corrupción, se ha revelado como el profeta e inspirador de lo que pudiéramos llamar “nueva democracia española”, acentuando unas tendencias que ya venían de antes.

La cuestión importa mucho, porque la línea se compone de estos ingredientes: Rescate de una ETA que estaba “al borde del precipicio” para convertirla en una potencia política. Apoyo y financiación de los separatismos, consintiendo su sistemática vulneración de la ley y la Constitución, lo que supone a su vez una vulneración de la Constitución por los gobiernos. Cesión progresiva de la soberanía española a la burocracia de Bruselas con una tendencia a largo plazo a disolver a España en una UE cada vez más totalitaria, lo que no es opuesto, sino complementario del punto anterior. Renuncia de hecho a eliminar la colonia, realmente pirática, de Gibraltar. Progresiva disolución de la familia mediante las llamadas “políticas de género”, y el homosexismo. Promoción del aborto, esto es, de la destrucción intencionada de vidas humanas, como un “derecho” (los derechos deben practicarse para ser efectivos); y fomento de la inmigración, en particular la islámica. Multiculturalismo, es decir, disolución progresiva de la cultura española. “Memoria histórica”, es decir, falsificación sistemática del pasado español. Fomento de la colonización cultural cada día más evidente, por el inglés. Todo ello aparte, la evolución económica en un sentido perjudicial para la mayoría de la población. Pretensión de que todo este conjunto de falsificaciones y disparates constituye un ejercicio de democracia.

Hay, ciertamente, diferencias de matiz, que podrían resumirse como sigue: El PP, C´s y un sector del PSOE consideran, en general, que estas políticas deben mantenerse y afianzarse, con diferencias menores entre ellos. Podemos, una gran parte del PSOE y los partidos separatistas son partidarios de ir mucho más allá en la orientación marcada por las “ideas” y políticas de Zapatero.

Estos hechos y tendencias indudables son comunes a todos y caracterizan a una democracia realmente enferma, ya que empujan en la vía de la demolición de España, de la familia, de los mejores valores tradicionales y la vulneración sistemática de la ley. Otra de sus manifestaciones es la ínfima calidad intelectual y moral de los líderes políticos actuales. Un rasgo de la enfermedad del sistema democrático es el progresivo desplazamiento de los más responsables y capaces por los más desvergonzados, cantamañanas o corruptos, como ya hemos tratado varias veces en el blog.

La solución, como vemos en el blog cada día, no es fácil. Una democracia sana solo puede funcionar sobre la realidad histórica y cultural del país, y llevamos más de cuarenta años sufriendo su falsificación y denigración sistemáticas, precisamente por esos partidos. Una acción corrosiva tan prolongada tiene un efecto de embrutecimiento de gran parte de la gente y no podrá ser contrarrestada de la noche a la mañana. Y una prueba de ello es que vox por la derecha y upd por la izquierda, que tienen un discurso un tanto al margen de la casta, han sido ignorados por la población.

Cierto que no se puede votar a lo que no se conoce y que el ordenador hace las correcciones adecuadas, pero el número de votos tan ridículo indica un desinterés de la gente por enterarse de las opciones ante el hecho, supuestamente, trascendental de unas elecciones.

Y mientras la población no esté formada por ciudadanos, con todas sus consecuencias, la casta seguirá haciendo lo que le de la gana. Y nosotros padeciendo. Pero al parecer a casi nadie le importa.

Y es sorprendente que el pensamiento político de un “bobo solemne” lleve funcionando como doce años y seguramente lo siga haciendo otro doce, al menos.
vanlop

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Melquiades
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