Soy musulmán, y los progresistas me dejan estupefacto

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Soy musulmán, y los progresistas me dejan estupefacto

Mensaje por Abraham el Jue Abr 06, 2017 8:08 pm

Si, como yo, usted hubiera crecido entre dos regímenes autoritarios –el de la República Islámica de Irán y el de Siria–, con líderes como Hafez al Asad, el ayatolá Alí Jamenei y Mahmud Ahmadineyad, su juventud se habría visto influida por las dos corrientes mayoritarias del islam: la chií y la suní. Yo estudié ambas, y en un determinado momento incluso fui un devoto musulmán. Mis padres, que siguen viviendo en Irán y en Siria, vienen de dos grupos musulmanes étnicamente distintos: el árabe y el persa.

También habría visto cómo la religión islámica se entrelaza con la política, y cómo el islam radical gobierna la sociedad mediante la sharia. Habría sido testigo de cómo el islam radical puede dominar y escudriñar las decisiones cotidianas de la gente: en la comida, la vestimenta, la vida social, el ocio; en todo.

Habría visto los tentáculos de su control cernirse sobre todos los aspectos de su vida. Habría visto cómo, empuñado por los fundamentalistas, el islam radical puede ser un poderoso instrumento para la violencia desenfrenada. Es el miedo a esta violencia, a la tortura y la muerte a manos de los musulmanes extremistas, lo que hace que todo el mundo desespere y obedezca.

Mi padre fue brutalmente torturado, lo cual condonan algunas de las leyes islámicas fundamentalistas de los regímenes de Irán y Siria. El castigo se extendió a mi madre, mi familia y otros parientes, que sufrieron tormentos a diario.

Más doloroso aún fue, al llegar a Occidente, ver la actitud hacia el islam de mucha gente que se define como progresista e izquierdista.
Estos progresistas se consideran abiertos de mente, pero tienen una forma preconcebida de pensar sobre el islam. Para ellos, por lo visto, no hay islam radical. El islam es sólo una fuerza para el bien, el islam no puede causar ningún mal.

¿Cómo es posible que no vean que los musulmanes extremistas se sirven de algunos de los aspectos de la religión islámica para legitimar sus actos? ¿Cómo es que no pueden ni siquiera reconocer la existencia del islam radical, una fuerza que amenaza con destruir el planeta, y no digamos mi familia?

En vez de eso, muchos progresistas me criticaban o trataban de cerrar los ojos, como si yo estuviese cometiendo algún error embarazoso. Parecen encantados de rodearse de eruditos musulmanes occidentales comprensivos hacia el islam radical y que –curiosamente– nunca han vivido en un país musulmán bajo la asfixiante garra de la sharia.

¿Por qué tantos progresistas que critican el cristianismo y las convicciones religiosas en general parecen abrir los brazos al islam con tanto afecto? ¿Por qué tantos progresistas que se dicen firmes defensores de la paz, la justicia social y las libertades son comprensivos con todo tipos de legislación islamista fundamentalista?

Si, como dicen ellos mismos, los progresistas defienden los derechos de la mujer y los LGBT, ¿por qué, con su silencio, sancionan que se ejecute y se someta a las mujeres en casi todo el inmenso mundo musulmán? Si están a favor de la libertad de expresión, ¿por qué miran para otro lado cuando regímenes islamistas como el de Irán, basándose en leyes radicales y teocráticas, ejecutan a gente por el mero hecho de expresar una opinión? ¿Y por qué no dejan que, en el propio Occidente, la gente exprese su opinión sin atacarla, mostrando al menos la deferencia de escuchar lo que tiene que decir?

Los progresistas sostienen que están a favor del pensamiento crítico, pero no les gusta que nadie desafíe su zona de confort. En realidad, parecen ser igual de autocráticos que la gente de la que hui, que tampoco quería que su mentalidad simplista y binaria se viese amenazada por la lógica o los hechos.

Cuando alguien proviene de un país musulmán y ha experimentado de manera directa el islam extremista, muchos progresistas se apresuran a eludir la información que pueda aportar. No quieren que su apologética concepción del islam radical sea cuestionada o contradicha. Aparentemente, no quieren abrir sus mentes, cerradas ante este asunto. Es evidente que reflexionar les hiere, como si el dar una respuesta supusiese que están dando la espalda a los crímenes contra la Humanidad que se estén cometiendo en estos momentos. ¿Cómo, entonces, es que tantos progresistas parecen resistirse a ver que los crímenes del islam radical son crímenes contra la Humanidad? ¿Que son, de hecho, los peores crímenes contra la Humanidad que se están perpetrando en este momento?

En segundo lugar: cayendo en una lógica defectuosa y sofista, estos progresistas parecen creer que, como critican el cristianismo, entonces caerán bien a los islamistas, que también lo odian. En esa misma línea, muchos progresistas odian al Gobierno republicano de EEUU, al igual que muchos grupos musulmanes radicales; ¿acaso muchos progresistas piensan que caerán bien a los musulmanes por compartir ese odio? Lamentablemente, como descubrirán pronto, el enemigo de mi enemigo no siempre es mi amigo.

Tercero, y de manera más fundamental: simpatizar con toda clase de prácticas islamistas y con el islam radical parece ajustarse a una narrativa general de diatribas contra Occidente y los blancos por “imperialismo, colonialismo y un cierto sentido de superioridad”. Desgraciadamente, ese punto de vista no tiene en cuenta que no ha habido mayores imperialistas que los ejércitos musulmanes: conquistaron Persia, el gran imperio bizantino cristiano (en la actual Turquía, el norte de África y Oriente Medio), prácticamente toda Europa Oriental, la mayor parte de España y Grecia.

Ya que en el islam no se permiten los ataques salvo para defender al profeta Mahoma o el islam, los musulmanes extremistas tienen que seguir encontrando o creando supuestos ataques para presentarse como víctimas.

Son numerosos los progresistas que, sin conocer el contexto, compran esa mercancía. Al ponerse del lado del otro, probablemente sienten una suerte de superioridad moral: están ayudando a una causa, defendiendo al otro y salvando a una víctima. Pero esta superioridad moral es superficial y está fuera de lugar. Se parece más bien a ese proverbial muchacho que asesina a sus padres y después pide clemencia al juez por ser huérfano.
Quizá sea esa la razón de que muchos progresistas se nieguen a escuchar críticas al islam radical. Si el islam radical deja de ser expuesto como si fuera una víctima, se quedan sin la cálida sensación de ser moralmente superiores por defender a unas víctimas. Irónicamente, es lo mismo que mueve a numerosos islamistas radicales: el sentirse moralmente superiores defendiendo el islam. Los progresistas entonces se muestran confusos, y no saben qué responder porque soy musulmán, he crecido allí, no soy un musulmán occidental que jamás ha vivido en una sociedad musulmana.

Ni siquiera soy un conservador occidental, con quienes también chocan. Muchos progresistas son como quienes están felizmente casados con una fantasía y, a pesar de las evidencias abrumadoras en contra, siguen aferrados a ella y a su forma binaria de pensar. Es como intentar decirle a tu amigo que es posible que la bailarina erótica con la que se quiere casar no desee quedarse en casa a tener niños y cocinar. Está tan enganchado a su ilusión que hará lo que sea para preservarla.

Ni que decir tiene, al final los progresistas, como todo el mundo, intentan preservar sus intereses económicos y políticos. Esas inversiones materiales y sociales también se ven amenazadas cuando prestan atención a los musulmanes que han sufrido la opresión y la tortura bajo el islam radical. Esos progresistas parecen sospechar, con razón, que esa nueva información podría crearles algún tipo de conflicto de intereses, así que posiblemente decidan que lo mejor será no escuchar, directamente. En su lugar, y de nuevo para proteger su inversión, muchos progresistas e izquierdistas ignoran o critican a esos musulmanes.

Por último, habría que mandar un breve mensaje a los progresistas. Querido progresista: si de verdad defiendes valores como la paz, la justicia social, la libertad y tus derechos, has de saber que tu visión apologética del islam radical va totalmente contra ellos. Tu visión incluso perjudica los esfuerzos de numerosos musulmanes que quieren reformar pacíficamente el islam para, precisamente, promover esos valores. Además, lamentablemente, tu visión del islam radical contribuye a la violencia contra y la represión de millones de personas: mujeres, niños, esclavos y todas esas personas que dices que quieres proteger. Esas son las verdaderas víctimas. Son sometidos, deshumanizados, aterrorizados, torturados, violados y golpeados a diario por los practicantes del islam radical y por la sharia, el núcleo del fundamentalismo. Es hora de que abras la mente y los ojos y veas lo que te observa atentamente.

Por Mayid Rafizadeh
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Boualem Sansal: «Los intelectuales políticamente correctos hacen el juego al islamismo»

Mensaje por ¿Sabías Que? el Jue Ago 31, 2017 11:40 am

El escritor argelino equipara el islam a la distopía orwelliana en «2084. El fin del mundo»

La pesadilla estalinista que George Orwell fabuló en «1984» le sirve a Boualem Sansal para describir en «2084. El fin del mundo» la infiltración islamista en las sociedades del siglo XXI. Represaliado en su Argelia natal cuando fue despedido de su puesto de funcionario por sus críticas al gobierno, Sansal ha denunciado la lacra islamofascista en novelas como «La aldea del alemán» (2008) y «Rue Darwin» (2011).

«2084. El fin del mundo» (Seix Barral) transcurre en Abistán un régimen teocrático en el que no se tolera el librepensamiento con una población dopada por el totalitarismo. Solo en el gueto de los renegados, el protagonista podrá escuchar un mensaje alternativo al dogma religioso.

La novela ha visto la luz en una Europa atemorizada por el terrorismo yihadista y la ofensiva de Daesh. En el siglo XX, apunta Sansal, «el mundo musulmán volvió a reintroducirse en Europa a través de la emigración y luego llegaron los imanes para reislamizar a esa emigración». En esa islamización subterránea que comenzó en los países árabes y que ahora prosigue en Occidente, el miedo se ha impuesto en la opinión pública: «En la ciudad universitaria donde vivo hemos pasado de tener una pequeña mezquita que se caía de vieja a quince mezquitas bien equipadas que no dan abasto para atender a los fieles», añade.

El escritor recuerda que a la presentación del libro en París asistió medio millar de personas: «Una cifra considerable… pero al final nadie levantó la mano para preguntar porque el acto se retransmitía en internet… Mi intención con esta novela es contribuir a liberar la palabra». Además de la amenaza del enemigo invisible, luchar contra el islamismo es muy pesado, reconoce Sansal: «Existen más de ciento cincuenta asociaciones islámicas que te pueden demandar por cualquier cosa o acusarte de racismo. Los intelectuales políticamente correctos les hacen el juego».

El islamismo «moderado» que participa en el juego democrático no es más que una estrategia más en la conquista de una sociedad occidental que ya no cree en sí misma: «Daesh perderá en el campo de batalla pero ya domina las mentes de millones de personas. Es ahí donde los valores de la Ilustración han fracasado».

Boualem Sansal,
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Líder musulmán acerca de los gays: “Tenemos miedo de emitir nuestra opinión, porque la izquierda puede abandonarnos”

Mensaje por Infornauta el Mar Sep 05, 2017 12:48 pm

Al dirigirse al tema tabú de por qué los musulmanes han estado tan callados en cuanto al debate sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, Ali Kadri, portavoz del Consejo Islámico de Queensland en Australia, afirma que la “Izquierda” ha sido el más firme defensor de los gays y los musulmanes , así que si los musulmanes declaran su oposición a la homosexualidad se arriesgarían a perder el apoyo de la “Izquierda” en todo el mundo.
Kadri dice:
Desafortunadamente, en el clima actual, el lado correcto y conservador (La ultra derecha) ha atacado a los musulmanes como terroristas y extremistas, y naturalmente la izquierda ha sido aliado en la defensa de nosotros por un largo período de tiempo.
Hay dos puntos para tener en cuenta en la declaración de Kadri.
En primer lugar, “el lado correcto y conservador” (la ultra derecha) no está atacando colectivamente a todos los musulmanes como terroristas y extremistas, como Kadri lo denuncia, sino que ha estado sonando la alarma por las violaciones de derechos humanos que los yihadistas y los supremacistas islámicos cometen diariamente. Criticar a algunos elementos del Islam que se usan para justificar sus acciones ha sido erróneamente calificado como “islamófobo” y representado como un ataque a todos los musulmanes. Este etiquetado ha servido como una herramienta de propaganda para apuntar a los que dicen la verdad.
En segundo lugar, la doctrina islámica se opone vehementemente a la homosexualidad, lo que presenta un dilema para aquellos musulmanes que se aferran a la “izquierda” para tener el apoyo político. Aquí hay algunos ejemplos de cómo los homosexuales son tratados en varios países debido a la ley Sharia que rige a los musulmanes

  • En marzo, un informe reveló que los padres musulmanes estaban sacando a sus hijos de un vivero de Berlín cuando descubrieron que el profesor era gay.

  • En Canadá, un director musulmán instruyó que los homosexuales son “maldecidos por Allah”. Lógico, así aparece escrito en el Corán

  • El año pasado, un internado para chicas musulmanas en el Reino Unido fue cerrado por enseñar “estrictas normas de estilo sharia” a los estudiantes, incluyendo la enseñanza de que los gays deberían ser asesinados.

  • En julio, un musulmán en de Oakland declaró : “Voy a colocar una bomba en un club gay”.

  • En abril, las autoridades chechenas arrestaron y mataron a hombres gays.

  • Irán también arrestó a más de 30 homosexuales y los sometió a humillantes “pruebas de sodomía”. ¿Y quién podía olvidar las palabras del ex presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad? que Una vez dijo en la Universidad de Columbia, en respuesta a una pregunta sobre la ejecución de gays en Irán: “En Irán no tenemos homosexuales como en su país … En Irán no tenemos este fenómeno”.

  • En toda Europa, los inmigrantes musulmanes han estado abusando de refugiados gays en refugios de asilo.

  • El Estado Islámico se adhiere rígidamente a la doctrina religiosa en sus prácticas y ejecuciones de gays, arrojando de cabeza rutinariamente a gays desde lo más alto de los edificios.


La lista continua. Un ex-musulmán gay advirtió sobre la “ideología islámica tóxica” detrás de la masacre de la jihad de Orlando.
Ali Kadri dice además: “Tenemos miedo si emitimos nuestra opinión, entonces la izquierda puede abandonarnos”. La preocupación de Kadri resalta una pregunta válida: ¿qué sucede cuando los temas homosexuales chocan con los musulmanes? Bueno, aquí hay un vistazo furtivo de Vancouver que puede revelar la respuesta: un gay iraní fue apuntado por querer su flota de orgullo gay anti-Sharia en el Desfile del Orgullo:
Durante varios años, el grupo marchó en el Desfile del Orgullo e incluso ganó un premio por su originalidad. Pero este año, su solicitud fue rechazada como “culturalmente insensible”.

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