No tienen dignidad ni vergüenza

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No tienen dignidad ni vergüenza

Mensaje por Callahan el Mar Mar 27, 2018 8:34 pm

AG.- Los mismos que, para justificar su oposición a la prisión permanente revisable, califican de revanchista y vengativa la actitud de los padres cuyos hijos fueron vilmente asesinados, son los mismos que exigen venganza por sus bisabuelos muertos en una guerra que tuvo lugar hace más de 80 años.

Ayer defendían que no se informara del color de la piel ni del origen dominicano de la mujer que asesinó a sangre fría a un niño español de apenas 8 años. Hoy exigen que informemos del origen y el color de la piel de un inmigrante ilegal que falleció víctima de un infarto.

Ayer insultaron a los familiares de Gabriel Cruz, Marta del Castillo, Mari Luz Cortés, Diana Quer y Sandra Palo, entre otros, pidiéndoles que no rentabilizaran la muerte de sus seres queridos. Hoy rentabilizan la muerte natural de un senegalés difundiendo el bulo de que lo asesinó la misma policía que luchó denodadamente por salvarle la vida.

Ayer nos decían que el IVA cultural destruye la industria del cine. Hoy defienden a los manteros que venden CD’s piratas.

Ayer nos decían que había que pagar más impuestos para sostener el sistema de pensiones. Hoy defienden a los manteros que desarrollan una actividad ilegal sin cotizar y sin aportar un sólo euro a las arcas públicas.

Ayer nos decían que la libertad de horarios destruye la igualdad de competencia entre centros comerciales y pequeños establecimientos. Hoy protegen a quienes venden más barato que cualquier tienda porque no pagan licencias ni rentas ni impuestos de ningún tipo.

Ayer nos decían que el comercio necesita más regulación. Hoy defienden que muchos ilegales se dediquen al comercio no regulado del top manta.

España es el país del mundo con más gente que la critica y que, al mismo tiempo, tiene menos intención de irse a vivir a cualquier otra parte. Y eso ocurre porque el totalitarismo ideológico de la izquierda no defiende ideas sino instintos primarios como el odio y la rabia contra los que no pensamos ni vivimos como ellos.
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Muere un negro de un infarto y arde Madrid; una negra asesina a un niño español y nos llaman racistas. ¿Qué sociedad enferma hemos creado?

Mensaje por Leónidas el Sáb Mar 31, 2018 1:37 pm

Un inmigrante de origen senegalés y raza negra muere a causa de un infarto y la ultraizquierda, recurriendo a mentiras y bulos, promueve graves disturbios en la capital de España, con varios policías heridos. Una negra de origen dominicano asesina a sangre fría a un niño español en Almería y somos acusados de racistas los que informamos de este hecho sin ahorro de detalles. ¿Qué clase de sociedad enferma hemos creado? Circula por las redes sociales un texto que ilustra con descarnada crudeza el momento de desatino que vivimos.

-“Mira, ahí va un torero”
-¡Asesino! ¡Hijo de puta! ¡”Ojalá te mueras!
-“Mira, ahí va la asesina del pequeño Gabriel”
-Bueno, el odio y el rencor no conducen a nada. ¡Hay que dejarse de linchamientos!


¿Cómo es posible que en España, dónde los blancos aún somos mayoría, predomine el racismo contra los blancos sobre otros racismos? Pues a causa tanto del acusado sentimiento racista contra los blancos entre determinados inmigrantes, como de la complicidad de la casta política gobernante, y de la pasividad general de los que sufrimos este racismo creciente y que está en todas partes, los blancos.

El racismo anti-blanco es institucional, pero también simbólico, discursivo, factual, directo, indirecto, cotidiano, macro y microsociológico. En unos estados que se dicen democráticos y que pretenden pasar por tales, este racismo no puede ser explícito cuando es institucional, llegando así la hora triunfal de la neolengua, que invade el discurso público y hasta privado. A este respecto, aún no ha sido suficientemente estudiado el concepto de “discriminación positiva”, que es aquí la forma general y discursiva de encubrir el racismo institucional (que toma la forma de racismo económico, laboral, educativo, social, mediático, judicial) contra la población europea o eurodescendiente. Antes que la discriminación positiva, el propio desorden inmigratorio propiciado por los políticos que gestionan el gobierno, en beneficio de la hiperclase (propietarios y gerentes de multinacionales, financieros internacionales, traficantes de la Bolsa), de las naciones de Europa, supone una forma de racismo, por cuanto la inmigración masiva altera directamente la composición étnica de estas diferentes naciones europeas, es decir, su identidad, algo que no puede ni reivindicarse sin ser acusado de racista. Parece como si a los europeos, a diferencia del resto de grupos raciales, no nos fuera lícito poseer identidad étnica.

Los blancos, la población autóctona de Europa, aún no se ha organizado en masa, ni política ni social ni culturalmente, para su autodefensa. Sí se han organizado, en cambio, algunos inmigrantes, para seguir presionando a favor de más y más privilegios; muchos de estos cuentan con la complicidad de blancos traidores raciales (caso de los oenegetas inmigracionistas y los que les apoyan, los marxistas o los neoliberales). En muchas ocasiones determinados inmigrantes han logrado situarse por encima de la ley.

Cuando el racismo anti-blanco no es institucional y, en vez de por el estado, es ejercido por ciertos inmigrantes racistas, cuando escapa al control directo de las autoridades políticas, obligadas a mantener la ficción del respeto a todas las razas, este racismo antieuropeo muestra más claramente su auténtica cara, la de la crueldad y el desprecio, y se hace evidente incluso para algunos nativos sometidos a la propaganda inmigracionista permanente: agresiones gratuitas que algunos miembros de las poblaciones no europeas instaladas en los estados europeos cometen contra los europeos por el color de su piel (blanca), violaciones racistas contra nativas europeas por parte de determinados inmigrantes no europeos (que sistemática, y significativamente, son ignoradas por asociaciones feministas, las mismas que se autoproclaman, a bombo y platillo, defensoras de los “derechos de la mujer”), constantes insultos racistas (“blanquito”, “rubito”) en todo momento y lugar, abusos de todo tipo en la utilización de servicios públicos y privados (no respetar el turno por parte de ciertos inmigrantes que se cuelan en las filas formadas, zarandeos y empujones contra los blancos en el transporte público, control de institutos por parte de grupos de inmigrantes que imponen el terror sobre la mayoría, o minoría, de alumnos blancos, sobre el personal docente, y que revientan las clases, intimidación a funcionarios blancos para obtener trato preferente en distintas oficinas públicas, etc.), cobro, por parte de algunos inmigrantes, a niños españoles por utilizar canchas deportivas públicas. Sobra decir que en el discurso dominante, controlado por la élite, este racismo anti-blanco es, en primer lugar, ignorado; cuando esto es imposible es negado, relativizado, trivializado, ridiculizado e, incluso, en un acto de la más pura endofobia, a veces justificado (sobre todo si se utiliza, por parte de la élite, algún ideologema marxista).

Es flagrantemente racista negar las formas de racismo en las que el agente racista no es blanco. En el discurso dominante (tanto político como mediático, académico, social, cultural, etc.) parece como si las creencias, actitudes y actos racistas fueran patrimonio exclusivo de los europeos, cuando sabemos que el racismo puede aparecer, y de hecho aparece, en cualquier pueblo, y que puede ser dirigido contra cualquier pueblo. El racismo no es monopolio europeo.

Si los hechos se desarrollaran al contrario, tendríamos a todos los grupos de presión (autodenominados ONGs) inmigracionistas denunciando el racismo y la xenofobia de los españoles, y a los medios de comunicación oficiales dándoles cancha y espacio propagandístico a mansalva. Por cierto, también es racismo institucional subvencionar, además generosamente, a grupos de presión inmigracionistas y endófobos que, bajo la argucia de presentarse como defensores de los derechos humanos, se dedican a insultar impunemente a los españoles y a calificarlos de racistas.

En cambio, nadie habla del racismo más frecuente, del racismo anti-blanco. De hecho nadie, excepto algún medio de comunicación crítico, habla de nada de lo aquí describo. Pero nosotros sí. AD.
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Leónidas
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